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Diciembre 21, 2015

El invierno más duro de todos

La impotencia y rabia nos llena por estas horas, ha sido un año desastroso para nuestra hinchada. Así: desastroso.

Durante más de sesenta años nos destacamos por ser los más ganadores.  Eso se terminó y cada hincha azul tiene un dolor intenso que durará quién sabe cuánto y que solo se aliviará con una extrema alegría, sea propia o sea la desgracia más profunda de un clásico rival.  Porque el fútbol es así: se vive apasionadamente por el logro propio y se goza con el dolor ajeno.

Hay que mirar porqué llegamos a esto: es cierto que hay factores externos que favorecen a quien toma el lugar desde hoy: un papá empresario rico que nunca escatimó en pérdidas por inversiones regulares y que siempre le perdonó todo para darle plata y más plata hasta llegar a esto. Maldito el día en que Ardilla Lulle le dio por meterse en el fútbol. Un barril sin fondo y un contexto encargado desde hace muchos años de arrugar árbitros para no pitar en contra, un patrocinador de un torneo dueño de un equipo del mismo torneo.  Inexplicable.

Es razonable mirar hacia adentro porque a mi entender hay tres momentos en el tiempo para llegar a esto, empiezo de adelante hacia atrás:

TERCER ACTO

Lo inmediato es voltear a mirar a Gustavo Serpa, su junta directiva y su presidente Enrique Camacho porque son los responsables desde Abril de 2014 de este presente tan incierto.  Tuvieron tres (3) ligas, tres (3) posibilidades de darnos tres (3) títulos y simplemente no les dio la gana, fuera por antipatías contra Juan Manuel Lillo al no traerle jugadores de primer nivel o fuera por reemplazarlo con un DT dócil, inexperto y fácil de manipular como Ricardo Lunari y de paso acabar con la imagen de un ídolo exponiéndolo a un vestuario jodido y a una conformación de nómina más bien insuficiente en calidad.  Estos dueños y esta junta directiva tienen su responsabilidad desde Abril de 2014 hasta el presente y lo que sigue.

SEGUNDO ACTO

¿Y entre 1990 y 2012 qué ocurrió?  ¿Quién estaba? ¿Quién determinaba qué DT y jugadores debían portar el sagrado deber de llevar nuestros colores y objetivos deportivos?  Todos sabemos que mucho gira alrededor del Luis Augusto García y varios vampiros, enano nefasto y miserable que durante 22 años tuvo la oportunidad desde la tras escena de darle un título a esta institución y que solamente se dedicó a practicar lo que él bien sabe hacer y que es vox populi: marrulla, saqueo del equipo, cobro de coimas a los jugadores de inferiores que esperaban jugar en primera y que nunca salieron, coimas a representantes de una lista eterna de troncos que nos vendieron como la gran contratación y que algunos de ellos resultaron obteniendo rentables beneficios vía acciones judiciales.

Luis García, escondido detrás de presidentes payasos o corruptos: Francisco Feoli (1990-1995), José María León (1995-1998), Jorge Franco Pineda (1999-2002), Santiago Rendón (2002-2003), Guillermo Santos (2003-2004), Juan Carlos López (2004-2010).  A estos seis personajes junto a García, es a quienes debemos voltear a mirar porque fue por ellos que en 22 años no pudimos salir campeones del fútbol colombiano.  Por ellos, fue que de una ventaja apreciable, hoy quedamos sin el enorme privilegio. Por ellos, incapaces y determinadores de esta situación.

PRIMER ACTO

¿Quién le vendió el equipo a Rodriguez Gacha? ¿Quién fue el directivo que comenzó esta desgraciada secuencia de entregarle el equipo a un mafioso para que luego cayera en manos de un ladrón bursátil como Juan Carlos Ortiz y finalmente rebotara en un indolente como Gustavo Serpa?  ¿Quién fue el que prefirió vaya uno a saber cuántos miles de dólares por la ficha del equipo a mediados de los 80s?  RAFAEL PULIDO y JOSE FRANCISCO CHALELA.  Este par de personajes pusilánimes le entregaron el equipo a la mafia en los 80s y así nos ha ido, por ellos llegamos a esto.

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No quiero imaginar el clima de la próxima asamblea general de socios de Azul y Blanco S.A. Claro, todos hoy reclamamos a Gustavo Serpa, su inútil junta directiva divinamente y su caricaturesco presidente por lo que hoy a esta hora debemos bancarnos.

Pero nada va a cambiar para nuestra hinchada: ni el amor por estos colores, por su escudo y su capacidad infinita de apoyar a su equipo en las más duras y dolorosas. Somos Millonarios, nada ni nadie nos iguala en amor por un equipo de fútbol.  Hay que portar la camiseta gloriosa azul y blanca mirando al frente con firmeza y entereza. Somos embajadores.  El que se arrugue hoy o le de miedo que no aparezca en los momentos de gloria.

Este año hemos vivido, sin duda, el invierno más duro de todos.  Culpa de los protagonistas de esos tres (3) actos.

 

 

 

 

 

 

 

 

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