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A la memoria de los futbolistas muertos

La tierra del olvido es toda Colombia, no el disco de Carlos Vives. A pesar de una seria advertencia, la muerte del “Boricua” Zárate fue registrada como la misma anécdota que resumirá nuestra existencia, es decir: nacer, luchar y morir. Zárate, autor de un autogol en la final Colombia-Perú de la Copa América del ’75, encontró en sus estertores la injusticia que supone ser deportista de nuestro país. Se despidió arrinconado por la pobreza, la mala salud y sin su pierna izquierda. Lo más triste es que la mala memoria no obedece al Alzheimer. Ya el cronista Alberto Salcedo Ramos había hecho alusión al olvido al que fue condenado el “Boricua” Zárate: “Está acostumbrado a ser un extraño para casi todas las personas con las que se tropieza en la calle”, “Nadie lo señala con el dedo índice, nadie le pregunta por la Selección Colombia del 75”. El fútbol en Colombia no es una lotería sino un chance. Muchos salen de la pobreza a punta de goles, pero otros jamás logran sobreponerse a la adversidad. Jaime Morón, otra figura de antaño, también murió amputado y pobre. Y hay cientos de casos más en Colombia. Hace poco no más Cochise Rodríguez denunciaba, con mucha pena, que su situación económica no le daba para comprar mercado, que se acercaba a la limosna. En Estados Unidos, mientras tanto, se contaba hace días una historia que en mí despertó atención y pesar. The New York Times lamentó en un texto la situación de Zander Hollander (foto), un hombre que durante 45 años editó y escribió más de 300 libros deportivos. Ahora, a los 85, vive sin memoria en un apartamento de Manhattan. A Zander le dio un derrame cerebral en 1998 y luego empezó a sufrir de Alzheimer. Ya no recuerda nada de lo que hizo. Casi no habla. Sus libros son su impronta. Para no sumirse en el olvido, el periodista deportivo Martin Manley creó un blog para explicar y anunciar su suicidio . "Déjame hacerte una pregunta", escribió Manley en la web. "Después de tu muerte, puedes ser recordado por un obituario de pocas líneas en un periódico cuando se es demasiado viejo para importarle a alguien de alguna forma... O puedes ser recordado durante años por un sitio como este. Esa fue mi elección y yo elegí lo obvio". En la vida la obviedad no existe. Saber de fútbol tiene que ver con la buena memoria y eso no dura para siempre. Los destinos del “Boricua” Zárate y Zander Hollander tienen que ver con el olvido, pero uno de ellos es completamente voluntario. ¿De qué nos sirve saber que el “Boricua” Zárate debutó en Junior, que en el Medellín jugó 320 encuentros o que estuvo con la Selección en 17 contiendas si uno no es capaz de asimilar su tragedia ligada a las canchas? De verdad, de casi nada. Que un futbolista se haya hecho famoso por un autogol y termine con una pierna amputada es una cruel ironía. Que nos olvidemos de las necesidades ajenas en un mismo mundo es una pésima decisión.Eso sí: el día que el personaje sufra un percance o estire la pata, será incluido otra vez, sin falta, en las páginas de actualidad”, profetizó Salcedo Ramos sobre el “Boricua” Zárate. Y eso es exactamente lo que acabamos de ver. Una muerte más, una noticia más. El mejor epitafio para el “Boricua” Zárate podría ser el que quiere para sí el poeta Juan Manuel Roca: "No estoy para nadie". * Foto de Damon Winter: Tomada de The New York Times. En Twitter: @javieraborda

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