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Apuntes sobre el caso de Wilder Medina

Esta mañana me subí a un taxi y en radio Wilder Medina exponía su defensa, argumentaba que él había cambiado, que una sanción de un año cuando ya tiene 30 abriles encima era prácticamente retirarlo, dijo otra vez esa sentencia memorable que hace menos de un mes soltó en una entrevista a Golcaracol.com ("Lo único que quiero meter ahora son goles" ), y señaló que lo estaban persiguiendo por sus problemas con la marihuana en el pasado.

El taxista, después de escuchar a Wilder, me miró por el retrovisor, hizo una mueca de asco y, sin mayor atisbo de pena, me dijo: "¡eso le pasa a ese hijueputa por baretero!". Y sí, más allá del insulto gratis y de la discriminación del señor conductor, tiene razón. Como diría Rubén Blades "el pasado no perdona" y Medina tiene una historia turbulenta llena de calle, noche y vicio, y por eso debió cumplir un castigo. Pero hay algo muy extraño en esta nueva sanción, algo que no cuadra...

Más allá de que considero que la marihuana no tiene un efecto de verdadero dopaje en un deportista (¿nadie ha visto a alguien trabado jugando fútbol? Creer que un futbolista que se fuma un porro va a mejorar su rendimiento es ridículo pues pasa todo lo contrario, da risa su falta de coordinación; es como si jugara borracho), hay que aceptar que los cannabinoides están en la lista negra de la Agencia Mundial Antidopaje y, como tal, el que consuma tiene que ser castigado. Las reglas, simple y cruelmente, son para cumplirlas.

Colombia comenzó el control al dopaje en 1994 y desde esa fecha ha habido varios positivos con "drogas recreativas". El más famoso fue el de René Higuita en 2002 por cocaína (lo suspendieron por seis fechas), pero un año después un muchachito de 18 años, Juan Carlos Toja, fue castigado por consumir marihuana y no pudo actuar por 12. Otros futbolistas también estuvieron lejos de las canchas por la popular bareta como Hugo Gallo, Adelmir Hurtado y el propio Medina, y por eso su historia es peculiar: porque es reincidente.

Ahora bien, comencemos diciendo que la primera sanción fue ridícula: Medina fue suspendido por tres meses justo cuando entrábamos a dos meses de receso de campeonato por Copa América y Mundial: es como si te suspendieran laboralmente en Semana Santa.

Esto, por supuesto, es responsabilidad de la Comisión de Disciplina de la Dimayor que dio una muestra tremenda de inoperancia, y no es culpa ni de Wilder ni del Deportes Tolima que, inteligentemente, aprovechó los tres meses para trabajar sicológicamente a un tremendo futbolista y darle confianza al que ha sido uno de los goleadores más prolíficos de los dos últimos años en Colombia. Medina incluso se casó, entró a tratamiento y, según me cuentan allegados suyos, estaba en un momento excepcional en su vida personal, cosa que se reflejó en lo profesional pues en cuatro partidos disputados desde su regreso metió cinco goles. Y ahí llegó la segunda sanción...

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El lunes la Dimayor hizo público el nuevo castigo para el futbolista, un año por reincidencia, y creo que todos nos pusimos la mano en la cabeza y dijimos: ¿pero cómo va a ser tan bruto Wilder de hacer eso otra vez... y en el mismo año? Sin embargo, al ver el texto de la resolución empiezan los problemas: a Medina, que lo castigaron esos tres meses (ridículos, sí, pero castigo a fin de cuentas) por un positivo en febrero, ahora lo sancionan un año por un positivo en marzo y, por supuesto, en el Tolima pusieron el grito en el cielo alegando que la pena ya fue cumplida y que legalmente no se puede castigar dos veces por la misma falla.

Desde Ibagué incluso se señaló que Luis Bedoya, presidente de la Federación, está acosando al equipo , mientras que el dirigente, entrevistado por Gol Caracol, dijo que no, que él sólo cumple con las normas de la FIFA y la WADA (Agencia Mundial Antidopaje).

¿A quién creerle? Como diría Jack el Destripador, vamos por partes, porque desde mi punto de vista lo que está pasando habla de un mal manejo (¡mira tu, otro!) por parte de la dirigencia del fútbol nacional:

* La sanción de tres meses a Medina fue dada a conocer el 29 de abril, más de un mes después de que se le realizara la muestra por la cual lo están castigando ahora, que se tomó el 26 de marzo. Esto genera varias preguntas: ¿tan ineficiente es el sistema de control al dopaje que los tiempos son tan largos? O peor aún, ¿por qué, si sabían que había otro positivo, vienen a sancionar hasta ahora cuando el jugador volvió a la actividad?

* Ahora hablemos de esa segunda muestra. En la resolución de la Comisión Disciplinaria de la Dimayor se explica que el resultado de febrero, por el que sancionaron tres meses a Wilder, mostró que el jugador tenía una concentración de 116.34 ng/ml de ácido 11 NOR9 Tetraidrocanabinol (léase mucha, mucha bareta, pues la cifra aceptada es de 18 ng/ml), lo que ratifica su consumo constante. La muestra de orina del 26 de marzo (la del segundo castigo) es muchísimo menor, sólo 42.3 ng/ml, lo que plantea dos posibilidades: o que Medina consumió menos o que aún tenía la presencia de esta sustancia en su organismo...

* Lo curioso es que en el punto 5.d.i de la misma resolución se admite eso último, que la marihuana deja residuos en el organismo y que eso se ve en que disminuye la concentración de esa fórmula química larga que no quiero volver a escribir. Y acá quiero ser lógico: la segunda prueba la dio poco más de un mes después de la primera, ¿cómo carajos esperan que no salga positivo otra vez si ellos mismos aceptan que el Tetraidrocanabinol se queda mucho tiempo en el cuerpo?

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Para que me entienda, es la misma figura de una borrachera: usted en la noche de copas va a salir muy mal en un examen de alcoholemia, pero al otro día también, con menos porcentaje, claro, pero igual no lo va a pasar ya que aún tiene trago en su organismo.

* Ahora, lo que me deja inquieto es lo de la persecución de Bedoya al Tolima. Como el mismo Gabriel Camargo lo confiesa, el presidente de la Federación está en su cargo en buena medida por el respaldo del Tolima para su reelección, así que no tiene mucho sentido... pero de todas formas Bedoya sí intervino para que se reabriera el caso de Medina con esto del positivo de marzo, lo que me parece muy extraño. No porque en su papel de cabeza del fútbol colombiano no esté en libertad de hacerlo, sino por las explicaciones que dio para hacerlo: según él, la Federación está cumpliendo con los acuerdos que tiene la FIFA con la Unesco en el tema del buen ejemplo para la niñez con la lucha contra el consumo de drogas.

Eso sí, cuando pasó el escándalo de Bolillo y su agresión a una mujer, nadie le contó al buen Luis que la FIFA también trabaja de la mano de la ONU en la lucha por los derechos de género, pero bueno, parece en serio que en este país es peor ejemplo fumarse un porro que pegarle a alguien. 

* Para terminar esta disección, la gente del fútbol sabe que si hay un dirigente jodido en este país ese es Gabriel Camargo, una fiera para terminar contratos de los jugadores que se le salen del redil. Él mismo se lo dijo a Golcaracol.com: "¡No seríamos tan majaderos de seguirle pagando el sueldo si él (Medina) sigue fumándose su marihuana!", y por lo que sé, desde abril a Wilder se le hacen controles permanentes, exámenes semanales y, como ya conté, se le cobijó con la exigencia de que si volvía a caer se le iba a acabar la carrera.

Y eso es lo que está pasando: la dirigencia le está acabando a Wilder Medina la carrera por un mal manejo, porque no hay una inversión seria para que los controles al dopaje entreguen resultados con prontitud, porque se busca dar un discurso moralizante con alguien que aparentemente ya superó su problema y ya cumplió un castigo por esa misma pena... porque, una vez más, como pasa desde hace rato, en la Federación y en la Dimayor hacen mal las cosas, incluso cuando las quieren hacer bien.

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PD. El 12 de septiembre planteé en este mismo espacio una teoría de la conspiración que incluía la llegada de Julio Comesaña a la Selección y la compensación que iba a recibir el Deportivo Pereira  en la figura de un torneo de 20 equipos en el 2012, lo que impediría su descenso. Hoy, 15 días después, se la ratifico y le cuento que ya pasó a la práctica: por más que Bedoya lo niegue, como lo ha hecho recientemente, en todos los clubes dan como un hecho que el próximo año el torneo será entre 20, cosa que me parece  terrible, pero que va muy por la línea nacional de premiar la mediocridad. Qué mal...

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