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El jugador más feliz del mundo nos tiene tristes

   Aún cuando está en el declive de su carrera y la parranda lo llama, Ronaldinho sigue sonriendo en la cancha. Disfruta el juego, casi que lo baila. El brasileño extraña, sin embargo, un mejor estado físico. Los días de gloria total, aquellos que vivió con el Barcelona, pasaron hace un lustro. Se perdió el Mundial de Sudáfrica porque Dunga no lo quiso en un nivel inferior. Así de claras han sido para él las cosas en los últimos años. Si no juega bien, no sirve, se desecha. Así es el negocio. Su pasado no lo pone hoy indefectiblemente en la titular. Es ahí cuando uno se pregunta si al brasileño se le acabó la motivación, aun cuando su rostro muestre alegría. Acaba de tener una nueva oportunidad en la selección y de alguna manera la desperdició. Mano Menezes lo convocó para el pasado amistoso contra Argentina y no obtuvo mayor respuesta. Ronaldinho no fue el mismo. No puede. Brasil perdió 0-1. Eso no es lo peor. Luego de ese cotejo, se conocieron unas fotos en las que al mediocampista del AC Milan se le ve de juerga, a las dos de la madrugada, en Italia. Eso no está bien, le dijo el entrenador del equipo, Massimiliano Allegri. Fue igual que cuando un papá regaña a su hijo: “esas no son horas”. No, no señor. Ese mismo regaño lo había escuchado en Barcelona. Y no aprende. Ronaldinho tiene 30 años. No es viejo, aunque sí cuenta gran recorrido. La prensa en Italia lo califica hoy en día de “borracho”, como si no tuviera remedio. Ha estado en la suplencia, acentuada, claro, con la llegada de Zlatan Ibrahimovic y Robinho. Eso no es simple. El banco frío que solía visitar sólo al final de los partidos, luego de los aplausos en el campo, ahora lo calienta al inicio. No es la primera vez que Ronaldinho está mal o se va de fiesta. En Barcelona también se tomó algunas cañas y también jugó mal. Pero la generalidad lo recuerda con otros libretos. Con otros titulares de prensa.   A pesar de todo, Ronaldinho se ríe. Algunos disimulan sus frenillos, pero él le ha mostrado al mundo sus dientes en recreo. “Dinho” no tiene temor, ni como persona ni como jugador. “Es alegre y lo transmite”, dice Xavi, al igual que muchos otros que lo han conocido. Treinta mil personas vieron su presentación oficial en Barcelona; otros treinta mil lo hicieron en Italia.  Pero en Milán están incómodos con su actuar. Ronaldinho “Era muy travieso de niño y todavía sigue siéndolo”, asegura una de sus tías. Tiene razón ella en todo sentido. Parece que su sobrino no ha crecido y está feliz con sólo seguir en la cancha. Uno de sus admiradores no lo ve así. Extraña verlo en la grandeza. En twitter: @javieraborda

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