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No hay excusas. Colombia debe rematar a Paraguay

Pocas oportunidades como la de este viernes para vencer a uno de los equipos más fuertes del continente en las últimas dos décadas y más cuando los goles de Colombia retumban por todo el mundo. Pensar que el partido contra Paraguay será difícil es válido, pero conseguir un resultado diferente a la victoria sería un verdadero desperdicio. “Es vital la mentalidad, salir a ganar siempre”, tal cual dijo James Rodríguez. La línea a seguir es el respeto, como advirtió Falcao: “Paraguay es una selección importante en Sudamérica, que no está teniendo un buen rendimiento, pero eso no quiere decir que Colombia tenga que confiarse, al contrario, tiene que estar muy alerta”. Eso es verdad, al igual que esta afirmación: la determinación no debe supeditarse a la prudencia. Vencer esta vez es nuestra exclusiva responsabilidad. Lo demás es retórica. La ambición sana de victoria tiene que continuar en Colombia después de vapulear a Uruguay y Chile y, sobre todo, cuando al frente se para una selección hecha boronas. Paraguay está hecha las trizas que le dejó Gerardo Martino (el técnico no sembró nada de recambio, así haya alcanzado la final de la pasada Copa América) y ya sólo un milagro podría encaminarla rumbo a Brasil 2014. Esa “Asunción” parece hoy en día imposible. Paraguay está peor que Bolivia en la tabla de posiciones y con eso se puede decir “basta de explicaciones”. Pero si las quiere, hay muchas otras razones para hacer este diagnóstico. Paraguay tiene, por ejemplo, entrenador nuevo y acosado en apenas dos fechas (Pelusso no ve norte tras las derrotas ante Argentina y Venezuela); el equipo está desmoralizado y la Nación paraguaya no cree en esta escuadra. En apenas siete partidos, Colombia ya le sacó nueve puntos y debe jugar ahora en Barranquilla, contra el mejor delantero de la actualidad en el universo (no hace falta citarlo, lo cual es su mejor prueba), contra más jugadores inspirados (como Jackson y James) y contra el ánimo a plenitud de los colombianos, lo cual es superlativo en este tipo de enfrentamientos. Colombia, a pesar de todo esto, hace muy bien al dejar de lado la confianza excesiva porque ningún partido se gana de palabra (por fortuna, ya no está Chilavert) y mejora aún su presente al reconocer la lejanía de la meta cuando el Mundial parece tan cerca. Así está el duelo. Disparejo, ¿no? El partido que se avecina probará entonces la mentalidad y jerarquía grupal de los colombianos y la evaluación sólo se pasará con un triunfo. El respeto que le debemos ya a Paraguay es la obligación de ganarle con argumentos, de enterrar de una vez sus aspiraciones de clasificar a su quinto Mundial consecutivo. A nosotros, hay que recordarlo, nos va mejor cuando no nos asomamos de favoritos (salvo cuando se lograron en casa las conquistas de los suramericanos juveniles de 1987 y 2005 y la Copa América de 2001) y por eso la intención jamás es acudir al fanatismo. Pero no hay que temerle a este tipo de pequeños desafíos porque responder a ellos nos hace más grandes. Si queremos apuntar a ese lugar donde se ve un fútbol con réditos, requerimos tres puntos el viernes. Hay que dejar de desaprovechar las oportunidades de regresar al Mundial. La espera se hace eterna. Seguir a @javieraborda

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