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¿Sí fue el “Mejor Mundial de la historia”?

Lamento el pesimismo que a veces me rodea, pero más que por la eliminación de la selección reconozco que temí en un comienzo por la explosión de un carro bomba o por algún secuestro durante la disputa del torneo. Ya nos había pasado. Antes de la Copa América de 2001 que se realizó en nuestro país, retumbó el sonido de la violencia y el secuestro del vicepresidente de la Federación, Hernán Mejía Campuzano, le dio la vuelta al mundo. Para fortuna de todos, nada de esto pasó en el mayor evento deportivo que se realizó hasta ahora en Colombia. El Mundial Sub-20 finalizó sin mayores inconvenientes y con el sabor del deber cumplido. Respondiendo a la pregunta de la urna virtual de Caracol y El Espectador planteada el viernes 19 de agosto, creo que la imagen de Colombia en el exterior mejoró, a lo sumo quedó igual, pero nunca desmejoró.   Lo que no podemos hacer ahora es cegarnos a nuestra realidad. La violencia continuó, aunque con menos intensidad y menor despliegue mediático. Al técnico Eduardo Lara lo robaron en Cali. Le quitaron una cadena de oro, un reloj, una pulsera y su teléfono móvil. Le fue bien porque aquí matan hasta por un celular o simplemente por no llevar dinero en los bolsillos. Por demás, el Bolillo Gómez dio muestras de nuestra idiosincrasia machista al pegarle a una mujer. Es decir, los problemas se disimularon, no se acabaron. Los estadios tampoco se entregaron a tiempo. Lo del Pascual Guerrero fue vergonzoso, fue una oda a la corrupción. Hubo apagones en Cartagena, inundaciones en El Campín y algunos cortocircuitos en ruedas de prensa. La ceremonia de apertura estuvo lejos de lo que se esperaba y algunas bienvenidas a las selecciones extranjeras resultaron ser un espectáculo lamentable . A pesar de todo eso, durante estos días mundialistas vivimos en una burbuja positiva. La gente gozó sanamente en las calles y en los escenarios deportivos. No vimos, por cuestiones económicas principalmente, a los hinchas descamisados que piden limosna antes de entrar a los estadios. No vimos puñales. No vimos botellazos ni monedazos lanzados desde las tribunas. No hubo desmanes. Las mallas de protección se quitaron por orden de la FIFA y eso no fue el acabose que muchos pensaron (sería irresponsable no ponerlas de nuevo para el inicio del campeonato colombiano). Según cuentas del DAS, 73.681 extranjeros entraron al país durante el Mundial, lo cual representó un 11,5% más de visitas con relación a la misma época del año pasado. La FIFA, haciendo gala de sus registros amañados, porque suma dos taquillas en jornadas dobles que se juegan en un mismo estadio, informó que Colombia, con 1' 309.929 espectadores, rompió el récord de asistencia que estaba en manos de Egipto 2009 (certamen que registró 1'295.586 espectadores). Bogotá fue en ese sentido la mejor plaza, seguida de Medellín y Cali. Sea como sea, la respuesta del aficionado al campeonato vale un aplauso en todos los rincones del país. Además, vimos en general buen fútbol y la sana conquista de Brasil. Colombia llegó hasta donde tenía. Haberle ganado a México y alcanzar las semifinales hubiera sido una proeza suficiente (y alcanzable) para no hacer después ningún reproche. La presentación, sin embargo, no fue ninguna catástrofe, así el trabajo de Lara en el último partido sí haya sido lamentable. Tras la eliminación del equipo, la gente aplaudió a los jóvenes jugadores. El Campín fue una excelente plaza para el conjunto nacional, para el vistoso show de clausura y para la final. Todo esto concluye con nostalgia. A la historia pasa este certamen con las frases del políticamente incorrecto Joseph Blatter: ‘Colombia hizo el mejor Mundial Sub 20 de la historia’ y “está preparada para hacer una copa mundial de mayores”. Sería la de 2026 porque la de 2014 se jugará en Brasil; la de 2018, en Rusia y la de 2022, en Catar. ¿Es posible tanta dicha? ¿Cómo estará Colombia en 15 años? ¿Habremos solucionado ya los problemas vitales y seremos una sociedad progresista? El Mundial Sub-20 puede ser un punto de partida. Y su aporte personal o profesional, aunque suene a cliché, puede empezar tan pronto termine de leer estas líneas.   En Twitter: @javieraborda

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