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VIVOS DE MILAGRO

La final de la Copa Postobón fue testigo mudo de como una ciudad se puede unir en torno al silencio cómplice de los delitos hechos por la barra Los Del Sur. Las autoridades decidieron de manera descarada entregar el tema de seguridad en el estadio de Medellín, a ese grupo de personas. Una especie de paramilitarismo de la alcaldía y la policía para “controlar” a la barra brava de Atlético Nacional.  Cedo este espacio a mi amigo Gabriel Jiménez (Twitter @elmechu) quien vivió la zozobra de entrar al Atanasio Girardot. Gracias a Dios todos mis amigos que fueron volvieron sanos y salvos. En Medellín ir a futbol es exponer la vida, ya que ni la policía ni la alcaldía son capaces de garantizar el artículo 11 de la constitución colombiana. MINUTO FINAL: Mañana comienza el sueño de la estrella 15. Vamos al estadio a apoyar a el mas veces campeón. Twitter @Maugor

Xenofobia y represión en su máxima expresión

En un rincón del lobby del hotel San Fernando Plaza estábamos Hernán Torres, Felipe Gaitán, un miembro de la junta directiva y yo. Los jugadores, uno a uno, salían del hotel hacia el bus que los llevaría al estadio Atanasio Girardot y que minutos después sería apedreado como ya había pasado varias veces antes en Medellín. El profe, que siempre es el último en abordar cuando el plantel hace el tour concentración – estadio, me dijo “¿está nervioso, flaco?”. Lo miré y le dije “profe, a mi el partido no me asusta. Tengo miedo es por mi integridad en esta plaza”. Afuera del hotel, un grupo grande de hinchas esperaban para animar y aplaudir a todos los miembros del plantel. Eran más de 200 hinchas que habían llegado desde el día anterior y en los vuelos del domingo en la mañana, y con todo y eso faltó otro gran sector de viajeros que llegaron por tierra y no los dejaron entrar a la ciudad. Todos tenían lista su boleta para el partido y ninguno llevaba indumentaria del equipo. Cuando el bus partió hacia el estadio, la policía los metió en dos camiones con la excusa de llevarlos al estadio garantizándoles su seguridad. Nunca pasó. Minutos después, todavía estando en el hotel, empezaron a llegar las malas noticias. El tweet de la cuenta oficial del Club anunciando que el bus había sido cogido a piedra y las fotos de los balines. Entre tanto mi hermano y nuestro fotógrafo Hugo Molano, que ya estaban en el estadio, empezaron a contar los pormenores de lo que sucedía a las afueras. Rigor puro: persona que se bajaba del taxi sin indumentaria de Nacional era vulgarmente atacado con golpes y armas blancas por grupos de no menos de 15 hinchas verdes; persona que llegaba hasta el primer filtro sin la indumentaria era “delatado” por los mismos verdes ante la policía y los agentes rompían la entrada en sus narices y le negaban el acceso. A los colegas de la fundación Juan Manuel Triana, que estaban en el hotel, también les llegaban las noticias lamentables. “Se bajaron del taxi y los agarraron a cuchillo entre 20”, “dicen que los líderes de Los Del Sur están regados en todos los anillos de seguridad del estadio y atacan a cualquiera que llegue sin ropa de Nacional”. Incluso se habló de una cifra de más de 25 heridos y un muerto (esta última no se ha comprobado). En Oriental y Occidental la cosa estaba caliente. Mejor dicho, si un turista cualquiera hubiera querido ir al estadio salía apuñalado o golpeado por “ser rolo”. El camino hacia el estadio fue eterno, era demasiado terror. En cada cuadra se veían grupos de hinchas de Nacional con palos y bates y al mismo tiempo a mi celular llegaban mensajes con amenazas o insultos por Twitter también, por supuesto, de hinchas verdes: “sos tan hincha que no viniste a medallo. Te da miedo cagaooo”. Mensajes que habían empezado desde el lunes en la noche -cuando entrevistamos a un representante de los Comandos Azules en LosMillonarios.net Radio y contó que tenían listas más de 300 boletas- y que se extendieron durante toda la semana. Por eso por mi seguridad y la de mi hermano que estaba con su novia en Medellín nunca puse en redes sociales que viajaba, que ya iba en camino, que ya estaba en el hotel. Tampoco pude subir las fotos de los hinchas a las afueras despidiendo a sus guerreros ni del frente de los hinchas de Medellín en el lobby. Afortunadamente, y gracias a la credencial de Dimayor, pudimos saltarnos el primer filtro y no pasar por el juicio de los hinchas verdes que eran los que le decían a la policía quién entraba y quién no (los agentes eran como soldados que hacían caso a todo). Ah, y en el suceso también tocó sortear a un barra-brava verde que intentó robarme el celular. En esas, un hincha con camisa de cuadros que llegaba por Occidental fue vilmente atacado por un grupo de no menos de 15 verdes. Literalmente lo desvistieron y al encontrarle tatuajes de Millos procedieron a la golpiza sin cesar. Era pura “justicia de la calle”, algo así como la que hacían los habitantes de Ciudad Gótica en “El caballero de la noche asciende”. Los hinchas verdes decidían a su antojo quien pasaba y quién no, los policías eran simples obedientes. Y los verdes que cruzaban el filtro rumbo al estadio pasaban sin ser requisados por nadie, no se puede creer aún. En una de las puertas de occidental había un grupo de no menos de 20 azules, todos sin indumentaria del equipo, a los que los policías les rompían sus entradas de frente y no les permitieron ingresar. La respuesta a la pregunta “¿qué pasó que no los dejaron entrar?” fue una sola, “por rolos”. Inclusive, en unos de los anillos de seguridad el acceso se hacía pidiendo la cédula de ciudadanía, si el lugar de expedición era Bogotá, rigor puro. A los que se habían ido en los camiones de la policía, supuestamente para garantizarles su seguridad al entrar, nunca los llevaron al estadio. Los camiones llegaron a otro destino, allí los dejaron un buen tiempo y luego los agentes, de la nada, les rompieron las entradas y los llevaron a tomar transporte de vuelta hacia la capital colombiana. Pensaba que, con toda la opresión que se vivía a las afueras, el hincha que lograra entrar al estadio ya podría cantar victoria y ver el partido tranquilo. Me equivoqué. Dos personas que viajaban con Rafael Puentes (del Ballet Azul Radio) e ingresaron fueron desalojados durante el primer tiempo con la misma metodología policial, la de romperle las boletas en la cara y forzarlos a abandonar el escenario. Ya en la cancha, cantitos de “a-se-sinos, a-se-sinos” de la barra brava (me pregunto cómo sentirán los bogotanos “hinchas” de ese equipo cada vez que los de Medellín cantan llenos de odio y rencor que “el que no salte es un rolo maricón”), lluvia de rollos, botellas y bolsas vacías hacia Máyer cada vez que fue a cobrar un córner, un ‘trapo’ con la leyenda “Millos, paz en tu tumba”. Ni un solo policía en las tribunas, toda la logística de seguridad la tenía la misma hinchada verde, lo curioso es que en algún momento hablé con un agente y me dijo "nosotros estamos dando vueltas por los alrededores solamente". A la salida, la misma tensión a la inversa. Cada uno de los que logró ver el partido tuvo que salir rápido apenas pitó Machado y buscar un taxi como fuera para salir del lugar. Por supuesto no faltó el hincha que recibió un “gallina hijueputa” de un grupo de verdes que ni habiendo ganado podían contener su rencor, y tuvo que correr por su vida. Los taxis por la zona escaseaban pero el señor que nos había dejado en el estadio había dejado su tarjeta y llegó a recogernos, él nos salvó de lo que pudo ser una desgracia. Y los jugadores tuvieron que salir en tanqueta ante la tremenda falta de garantías de seguridad que brindaron las autoridades antioqueñas. Algunos (muy pocos) fueron al estadio con amigos/compañeros del rival, ese factor hizo que no sufrieran la represión a la entrada ni a la salida. Que no les quitaran la entrada y se la hicieran pedazos de frente "por rolos" y que no los tomaran entre 15 a puño, patada y arma blanca. Esas fueron las medidas de seguridad que tomó la hinchada verde, esa que hace mes y medio pregonaba la paz, santidad y castidad (¿?). La perla final de la jornada se dio en los aeropuertos. El vuelo 9329 de Avianca se disponía a despegar pero tuvo que volver a la plataforma de abordaje. ¿la razón? Un hincha de Nacional que sacó todo un repertorio de amenazas hacia la tripulación de la aeronave. La policía aeroportuaria lo bajó del avión. Al aterrizar en Bogotá, un buen grupo de hinchas contaron los apodos de compañeros que habían salido apuñalados de Medellín. Millos perdió la Copa Colombia y muchos de los hinchas casi perdemos la vida. No me quiero ni imaginar qué hubiera pasado con la integridad de los viajeros y los azules de tierras antioqueñas si el equipo azul hubiera levantado el trofeo en medio de tanta xenofobia y represión. Twitter @Elmechu

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