Enero 11, 2018

Yerry Mina siempre se las creyó: de Guachené a la cúspide del fútbol mundial

El nuevo jugador de Barcelona vivió todo un proceso para cumplir sus sueños. Desde debutar en el fútbol profesional, ganar títulos, jugar en el exterior y ser parte de la Selección Colombia.

Hace tres meses, Yerry Mina llegada a Núremberg (Alemania), a visitar la sede de la marca deportiva que lo patrocina. El motivo: diseñar unos guayos que se ajustarán a sus pies anchos. Razón que le impedía jugar con comodidad.

Este lujo, se lo pudo dar Mina tras haber alzado la Copa Suramericana con Independiente Santa Fe, el Brasileirao con Palmeiras y ser la revelación de la Selección Colombia en las pasadas eliminatorias.

Son licencias que solo los jugadores de elite se pueden dar. Y Mina, con su llegada a Barcelona, ya hace parte de este selecto grupo. Sin embargo, él sigue siendo el mismo que llegaba al Polideportivo de Guachené a entrenar descalzó, con tenis o en el mejor de los casos; con guayos.

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Yerry es el ejemplo de su pueblo. Los niños en Guachené (Cauca) imitan sus bailes, las celebraciones y los cierres en defensa. Siempre con la cabeza en alto. Como cuando debutó a los 19 años con Deportivo Pasto un 20 de marzo de 2013 contra Cali por Copa Colombia.

Casualidades o no, el conjunto ‘azucarero’ le había cerrado las puertas años atrás al mediocampista que Flabio Torres convirtió en central, tras haberlo visto en el equipo sub-20 del cuadro nariñense.

Allí, tenía un subsidio de 100 mil pesos. Mandaba 60 mil a su casa y se quedaba con el resto. Siempre ahorró. Como los 500 pesos que le quedaban luego de cargar mercados y bolsas pesadas en la galería de su pueblo. No se los gastaba, pues para ir de Guachené a la sede del Cali, se iba colgado en volquetas o pedía un aventón y luego caminaba varios kilómetros.

Pero Mina siempre se las creyó. En su casa le inculcaron todos los valores que necesita un profesional. Tuvo claro que para triunfar hay que sufrir. Por eso, luego de la negativa del Deportivo Cali y del negocio mal intencionado que alguien en América quiso hacer con él, al pretender quedarse con todos sus derechos deportivos, el caucano armó maletas y se fue a probar con Pasto.

Pero para llegar a todos sus triunfos, hubo un episodio que le marcó la vida. “Estando en Pasto, un día mi mamá no tenía plata para comprar algo que necesitaba con urgencia y llamó a mi primo que jugaba en la profesional para que le colaborara. Fue algo que me quedó marcado, lloré toda la noche por no poderle dar a mi mamá, por eso decidí trabajar más duro. Cuando me subían con la profesional, me jugaba unos partidazos. Debuté en Copa Colombia, en los primeros cinco partidos salí figura, y luego me pusieron de titular en Liga”, le dijo al diario 'AS' el defensor ‘cafetero’.

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En el equipo nariñense duró un año. Pasó a Santa Fe porque quería estar en la capital. Sabía que con trabajo no iba a tener techo. Por eso con el cuadro ‘cardenal’ ganó la mayoría de títulos que disputó. El trabajo estaba hecho, era el momento de pasar al exterior. Ahí apareció Palmeiras. En Brasil, también dio la vuelta olímpica. Era el turno de la Selección. Pékerman lo llamó y en su segundo partido oficial por eliminatorias, anotó. Siguiente parada, Europa.

Barcelona se les adelantó a todos y por eso en el momento que explotó con Palmeiras firmó un preacuerdo para ser la primera opción en caso de que otro club lo quisiera. Visión o no, no es casualidad que el equipo catalán sea considerado, sino el mejor, como uno de los más importantes del mundo, por eso, le apostó a Mina, el primer colombiano en vestirse de blaugrana.

Yerry tocó el cielo con sus manos al llegar a Barcelona. Su vida profesional se partió en dos. Sin embargo, en lo personal, él seguirá siendo el mismo. Aprovechará los días de descanso para ir a Guachené, dejará la puerta de su casa abierta, la cual todavía conserva las mismas dos plantas, para que entré todo aquel que quiera hablar con él. Eso sí, por encima de todo, su familia y su mamá, a quien le debe el punto de quiebre en su vida.

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