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Junio 24, 2019

Que la emoción no confunda las prioridades de la Selección Colombia

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Colprensa

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Los dirigidos por Carlos Queiroz han sido uno de los equipos con mejor rendimiento en esta Copa América que se disputa en Brasil.

Tres triunfos en igual de presentaciones, sin goles en contra y clasificados de manera anticipada a los cuartos de final; son indicadores que por supuesto ilusionan y mantienen la esperanza de ver a la Selección Colombia levantando su segunda Copa América. Pero que la emoción no confunda las prioridades de la ‘tricolor’.

Los de Queiroz llegaron a Brasil con la idea de acoplarse a la filosofía del estratega portugués, que agarró una generación brillante, pero necesita ir acercando de manera acertada a los que vienen atrás. Esa, es la mayor prioridad en estos momentos de una Selección que espera ir a su tercer Mundial de manera consecutiva -la segunda prioridad-.

Tareas que van de la mano y, más importante, si se desarrollan de manera adecuada, le van a garantizar a Colombia éxitos, protagonismos, un relevo generacional que ilusione y lo que todos deseamos: títulos.

¿ilusionarse?, claro que sí. Aunque, insisto, no hay que confundirse. La era Queiroz inició de maravilla, pero ni esto garantiza que se va a ser campeón de la Copa América; ni alzar el trofeo en Brasil, da por sentada la participación en Catar 2022. O si no pregúntenle a Chile.

Sí, por primera vez en nuestra historia contamos con jugadores de primer nivel, sin desmeritar las anteriores generaciones; y sí, hoy en día el fútbol se ha emparejado mucho. Pero los éxitos, deben venir acompañados por procesos que solventen en conjunto las ausencias de los Falcao y James, jugadores que aparecen de manera esporádica y sin previo aviso.

Qué más quisiéramos todos ver el próximo 7 de julio a Falcao y James levantando el trofeo en el estadio Maracaná. Sería una imagen de ensueño. Sin embargo, yo me quedó con el liderazgo de ambos. En silencio, hablando en la cancha con entrega, goles y récords. Enseñándoles a los que se ponen la camiseta amarilla que ni los millones que devengan en Europa, ni los títulos que han ganado; se comparan con portar ese escudo ‘tricolor’ en el pecho.

Ese es el legado que verdaderamente vale, el del ejemplo. El de levantarse y seguir con la cabeza en alto a pesar de las derrotas. El de acompañar y alentar cuando no se pueda estar. Y el de compartir los triunfos propios, porque se es consciente que, sin el trabajo de los otros, estos no se hubieran conseguido.

Por eso el triunfalismo no pude cegarnos a la hora de las victorias y mucho menos de las derrotas. Hay que ser conscientes del lugar en el que Colombia está parado. Eso sí, sin quitarle el apoyo, que al final, es lo único innegociable.