Febrero 21, 2009

Real Madrid celebró su triunfo y la caída de Barcelona

Desplegando su mejor fútbol de la temporada, Real Madrid goleó en el estadio Santiago Bernabéu, con su afición en pie ovacionando el estilo de juego que aparece en el momento clave de la temporada.

El fútbol es un estado de ánimo y Juande Ramos le devolvió el optimismo al Real Madrid en dos meses. Su tarea inicial fue la reconstrucción de un equipo inundado de problemas. Endeble. Tras fortalecerlo desde la defensa e instalarlo en la senda del triunfo, lo conduce a un estilo que enamora al madridismo cuando llega la hora de la verdad.

El actual Real Madrid impone un estilo a individualidades. Lo demuestra la ausencia del jugador más entonado, el holandés Arjen Robben, en los dos últimos partidos.

Lejos de arrugarse, el equipo blanco marcó diez goles sin él, en la irrupción de un juego de equipo, de toque, de combinaciones con velocidad, que de paso recupera por el camino a jugadores para la causa, como el brasileño Marcelo o el holandés Klass Jan Huntelaar.

Se enfrentaban en el Bernabéu dos equipos en pleno crecimiento, pero el vendaval de fútbol merengue de la primera parte fue demasiado para un Real Betis que acusó la ausencia en el equipo titular de Sergio García, en el banquillo con décimas de fiebre.

Inventó Paco Chaparro un 'trivote' en la medular. Buscó la fuerza con Juande, el turco Mehmet Aurelio y el camerunés Achille Emaná, perdidos ante la velocidad de juego de Real Madrid que nace desde un doble pivote consistente, el francés 'Lass' Diarra y el argentino Fernando Gago, que se complementan a la perfección.

Repitió Juande Ramos el equipo que goleó en Gijón para demostrar a su afición que jugadores están como 'motos'. Quienes son los que cada mañana dan el peso correcto cuando son pesados en la báscula. Los que andan algo perdidos están en la grada (Rafael Van der Vaart y Royston Drenthe) o comenzaron en el banquillo (Wesley Sneijder).

Impuso un ritmo fuerte desde el saque inicial el Real Madrid. Sin especular. Sin mirar de reojo al Liverpool que visita el miércoles el Bernabéu. A los siete minutos, el argentino Gonzalo Higuaín abría la goleada, mostrando una elogiable tranquilidad ante el portero rival, al que regateó antes de marcar, después de una asistencia de cabeza de Raúl González.

Pedja Mijatovic, director deportivo blanco, asume errores y debe recibir elogios por algunos fichajes. Higuaín es uno de ellos. Su progresión no tiene techo. 'Lass' Diarra es un seguro de vida y también comienza a demostrar sus cualidades Huntelaar. Su fama de goleador la justificó con dos tantos al Real Betis.

El primero de ellos tras fallo de Ricardo a centro desde la izquierda del argentino Gabriel Heinze. El portero portugués pasó de héroe -tras su espectacular encuentro ante el Barcelona-, a villano, encajando seis goles y regalando un tanto a un matador de área como Huntelaar.

Sergio Ramos es una muestra del cambio físico del Real Madrid. Ha recuperado su mejor tono para adueñarse de toda la banda derecha que Juande, como hacía Bernd Schuster y comienza a ensayar Vicente Del Bosque en la selección, deja libre al 'león de Camas'.

Con él, aparecieron los taconazos y las chilenas en la tarde más feliz en el Bernabéu de la temporada, de un fútbol más vistoso, y se contagió todo el equipo. A los 24 minutos, Huntelaar culminaba una jugada de Lass, con cambio de banda a Ramos, que puso un centro milimétrico al holandés.

Aturdido el Real Betis, sólo el brasileño Ricardo Oliveira demostró su calidad.

Él solo se fabricó el tanto de la honra, cuando a la media hora, partiendo de la banda izquierda, buscó su hueco para lanzar un disparo de 30 metros que sorprendió a Iker Casillas.

Las molestias musculares del portero madridista no le impidieron jugar, pero anduvo algo desconcentrado cuando aún dando vueltas en su cabeza el gol encajado, regaló un balón a Oliveira al despejar sin mirar, que ajustó demasiado su disparo y se topó con el palo.

Del gol que habría metido al Betis en el partido se pasó a la sentencia. Apareció el poderío del capitán.

Con Raúl haciendo un despliegue entre la media y la delantera, firmó dos goles para enmarcar. El primero con un zurdazo desde la frontal del área ajustado al palo, a pase de Marcelo, y el segundo con su clásico balón picado ante la salida del portero, tras una buena asistencia de Gago.

Por primera vez en la temporada sonaba en las gradas del coliseo madridista el clásico "Así gana el Madrid", con el público saboreando el fútbol que tanto ama.

En plena fiesta, una falta botada por Heinze, la remataba a la red en plancha Sergio Ramos.

En pie. Todo el público del Bernabéu, salvo los 2.000 béticos, despidió a los jugadores del Real Madrid al final de la primera parte. Seis goles en 45 minutos, cuando había marcado siete en los últimos cinco partidos como local.

Con el objetivo conseguido. La autoestima por las nubes para recibir al Liverpool por la Liga d Campeones, Juande Ramos retocó su equipo. Dio descanso al italiano Fabio Cannavaro, Higuaín y Raúl, y minutos a Robben, Sneijder y Guti. Todos ellos regresaban de lesiones musculares y el ritmo bajó.

Undiano Mallenco pudo pitar el final del encuentro en el descanso. El Betis no tenía fe para mejorar su imagen y al Real Madrid le bastaba con lo mostrado.

Así, sólo la velocidad de Robben y algún pase entre líneas de Guti, levantó aplausos de una grada que explotó con los goles del Espanyol.

Como si fuese un día en el que se jugaba un título, los goles del Camp Nou fueron cantados al momento en el Bernabéu. Los jugadores se miraban sorprendidos escuchando a la grada cantar goles cuando el balón estaba en el centro del campo.

No cantaron más del Real Madrid y eso que Robben tuvo una clara, (se escurrió tras regatear al portugués Ricardo y Melli), Marcelo desperdició dos, Ricardo sacó un tiro potente de Sneijder y el palo impidió el tercero de Huntelaar. Mientras, Casillas sólo intervino una vez, en un mano a mano que salvó ante Oliveira. Sólo Oliveira en el Betis.

Fue el fin a la fiesta blanca. Un triunfo que necesitaba Juande Ramos, para quitarse la fama de defensivo con diez goles a favor en dos partidos, y el Real Madrid para llegar crecido a la hora de la verdad. Creer en la remontada al recortar a siete puntos la distancia del Barcelona y soñar con la Liga de Campeones. Quién se lo iba a decir a Schuster. Y a Ramón Calderón.

Espanyol sorprendió a Barcelona

Dos goles de un ex barcelonista, Iván de la Peña, desquiciaron al Barcelona en un derbi de alto voltaje que permitió al Espanyol del argentino Mauricio Pochettino apuntarse una victoria histórica frente a un líder aturdido, que bajó los brazos por primera vez desde la primera jornada de Liga.

El derbi rompió todas las estadísticas y acabó con los pronósticos. 42 puntos separaban a ambos equipos, líder y colero. 23 partidos sumaba el Barça sin perder, 14 el Espanyol sin ganar. Las cifras quedaron sepultadas bajo la intensidad de un choque apasionante que rescató el aroma de las viejas rivalidades ciudadanas y que premió a toda una generación de aficionados 'pericos': 27 años llevaba el Espanyol sin ganar en el Camp Nou.

Atascado y falto de ritmo, el Barcelona recibió la primera señal negativa antes de la media hora de juego. El francés Eric Abidal se lesionó de cierta gravedad. Le sustituyó Carles Puyol, pero su equipo siguió sin encontrar la tecla, chocando una y otra vez contra el muro del Espanyol.

El equipo de Josep Guardiola se quedó con un jugador menos antes del descanso en una acción muy protestada del marfileño Seydou Keita a Moisés Hurtado.

La expulsión cambió el guión y encendió el partido. La grada del Camp Nou sacó el pañuelo, indignada con el árbitro mientras en Chamartín, el Madrid se hartaba de goles ante el Betis.

El Barcelona quedó aturdido, sin ancla en el centro del campo, roto por la mitad y a merced de un colista crecido, que ganó terreno y comenzó a gobernar el partido.

Ni siquiera el descanso alivió al Barça, circunstancia que refleja el equilibrio de fuerzas entre el líder y el colista. Guardiola rediseñó su dibujo sacrificando a un delantero, Henry, para nutrir el centro del campo con Sergio Busquets. El retoque fue en vano porque el Barça fue incapaz de manejar la carga ambiental del derbi.

Un ex barcelonista, De la Peña, acabó por desquiciar definitivamente al equipo azulgrana. En cinco minutos, firmó dos goles. Desde 1996 no marcaba dos tantos en un partido. Escogió un escenario inmejorable. Primero remató de cabeza, en la misma línea de gol, un buen servicio del brasileño Nené, que bailó con Gerard Piqué y el mexicano Rafael Márquez en la línea de fondo.

Después, el regalo fue del meta Víctor Valdés. El portero del Barça recibió una sencilla cesión de Piqué, pero se complicó la vida de mala manera entregándole el cuero a De la Peña. Desde la frontal del área, el españolista picó suavemente la pelota y la envió a la red. Delirio en el Espanyol, incredulidad en el Barça, que veía discutida su autoridad por el rival más inesperado.

Pero al Barcelona no se le discute su persistencia. Así ha salvado puntos esta temporada. El equipo de Guardiola tiene fijación por la portería rival sin atender a la naturaleza del partido ni del marcador.

Con dos goles de desventaja y un jugador menos, se olvidó de la pizarra. Jugó la última media hora sin esquema ni dibujo, entregado al coraje como único argumento futbolístico. Busquets ejerció de delantero centro, pero fue el marfileño Yaya Touré quien recortó distancias al aprovechar un rechace de Kameni.

El gol animó al Barcelona, pero no destempló al Espanyol. Fue una cuestión de fe. Ordenado y convencido de sus posibilidades, el conjunto del argentino Mauricio Pochettino mantuvo la calma frente al vendaval del Barça, un equipo caótico y desordenado, víctima de las lesiones y la inferioridad numérica, pillado 'in fraganti' por un equipo resucitado de manera repentina que acabó por celebrar una victoria histórica. El Barça sufrió una noche para olvidar.

Villarreal y Sevilla festejaron 

En otro partido de la jornada, Villarreal derrotó 2-1 al Sporting de Gijón.

A los 36 segundos, el Sporting había perforado la meta de Diego López, por medio del croata Mate Bilic, pero treinta segundos después, el empate volvía estar en el marcador tras el gol del italiano Giuseppe Rossi.

En el minuto 36 llegó el gol de la victoria para Villarreal a través de Joan Capdevila, quien al rematar una pelota parada estableció el 2-1.

Por su parte, en el encuentro que cerró la jornada sabatina, Sevilla venció 1-0 a Atlético de Madrid. Jesús Navas, a tres minutos del final, marcó el tanto del compromiso.