Noviembre 20, 2008

Don Eduardo, el papá del “papá” de la selección

Recién recuperado de una dolencia física, Eduardo Lara padre acompañó a su hijo en el estadio del Deportivo Cali en Palmira, Valle del Cauca.

Era la oportunidad ideal. Su "benjamín" debutaba como adiestrador oficial. Tenía la compañía perfecta. Valentina, la pequeña de Eduardo Lara hijo, es decir, su nieta, actuaba como asistente.

La victoria 1-0 sobre Nigeria lo dejó satisfecho. Como todo padre orgulloso, de inmediato resaltó las virtudes de su retoño.

"Yo esperaba eso de él, porque es una persona que desde su niñez ha sido una persona organizada y eso nos complace tanto a mí, como a mi esposa y a toda la familia", dijo.

En el fútbol la edad sí que cuenta y Eduardo, el mayor, confesó que habla al oído del hombre que maneja las riendas del balompié nacional. "Tengo algunas conversaciones con él y él acepta los reclamos que yo le puedo hacer sobre el particular", agregó con modestia.

En el fútbol el corazón sí que cuenta y el hombre que le dio la vida al estratega nacional explicó el "romance" de su "médico" con el balón y el cambio de rumbo que tuvo su vida en la parte sur del continente.

"La idea nuestra, de nuestra familia, era que él fuera un médico para la familia. Pero se fue a la Argentina, a eso precisamente, y se enamoró del fútbol".

Eduardo Lara, el hijo, el estratega, el "papá" de un sueño llamado Selección Colombia, otra vez cayó en las dulces redes del sentimentalismo y explicó el significado de tener a los seres amados en la mismísima oficina.

"Poderlo tener ahí cerca creo que es algo muy lindo, al igual que mi señora, mi hija", aseguró el director técnico.

Lara y Lara unidos, por lo menos ante Nigeria, jamás serán vencidos. La selección ya tiene "abuelo", un hombre sabio que sabe dar consejos y apoyo a ese "papá" que toma todas las decisiones.

Ojalá en 2010, junto a Valentina, por supuesto, reserven vuelo hacia Suráfrica. La Copa Mundial debe ser para toda la familia.

Cali (Valle del Cauca)