Marzo 7, 2016

Kevin Salazar: el sueño del pibe de Fortaleza

Juventus de Italia, Manchester United de Inglaterra y la Selección Nacional de los Estados Unidos, son algunos de los equipos por los que pasó y de los campos de entrenamiento que pisó. Aunque posee grandes habilidades futbolísticas, como la inteligencia de juego, la técnica con ambos pies y el dribling, muy pocos en Colombia conocen su historia. Sin embargo, es más famoso en Europa y Estados Unidos, incluso han llegado a comparado con Pirlo o Juan Fernando Quintero por su destreza con el balón. 

"En el tour decían que tenía grandes habilidades y podía estar en cualquier equipo. Por eso mis compañeros y el técnico me pusieron como apodo, el hombre mágico" asegura Kevin Salazar.

Con sudor y sangre en la cancha

Es la fría tarde del 1 de mayo del 2012 con poco sol, pero en la última de las canchas de fútbol de Compensar, el frío no importa, pues cerca de 40 almas de jugadores aficionados de todo el país, seleccionados en Bogotá, Medellín, Pereira y Barranquilla, se reúnen con la misma ilusión. Llevan dos días de pruebas del tour mundial de The Chance, programa de la marca Nike que busca a los mejores talentos del fútbol mundial. Muchas personas se encuentran a la expectativa del anuncio que dará a conocer el nombre de los dos ganadores que representarán a Colombia en Barcelona.

Pero Henry Salazar y Maryluz Chiquiza los padres de Kevin, un joven de piel blanca, cabello castaño oscuro, rostro triangular, nariz alargada, cejas abundantes, ojos negros que emanan una mirada profunda, labios gruesos y una sonrisa pronunciada, que refleja su seguridad y su sencillez, y sus hermanos, Edward, Greisy y Caleb, se encuentran preocupados, pues saben que durante todo el día Kevin tuvo que jugar con unos guayos de una talla menor, por lo que en el receso del segundo partido lo primero que hizo fue tirarse al piso y quitarse los guayos, ‘‘incluso no podía ni quitarse las medias porque las tenía pegadas a la piel por el sudor y la sangre que botó'', afirma su madre.

Pero a fin de cuentas todo el sacrifico valió la pena, Kevin fue seleccionado para participar en las eliminatorias en Barcelona; allí superó a ciento cincuenta mil jóvenes de cincuenta y cinco países. Sin embargo, el camino que debió recorrer no fue nada fácil. En un inicio no fue elegido para participar del tour global, pero una vacante surgió porque Melusi Zulu, uno de los jóvenes sudafricanos elegidos entre los mejores dieciséis en Barcelona, acababa de firmar un contrato profesional con el Club Sundowns, una de las instituciones deportivas más prestigiosas de ese país.

Gracias a eso, automáticamente Kevin pasó de ser el número diecisiete a quedar dentro de los dieciséis para representar a Colombia en el tour de seis semanas que lo llevó a demostrar sus dotes futbolísticos frente a las ligas menores de equipos como Manchester United y Juventus, entre otras escuadras del fútbol mundial.
Al tercer día de llegar a las inmensas canchas verdes de la sede principal de Nike en Portland, un esguince de segundo grado en los dos tobillos lo llevó a imaginar lo peor, los médicos le aseguraron que su recuperación duraría cerca de dos meses.

Pero su fe no desistió ahí y con "la ayuda de Dios", como afirma toda su familia, el día anterior a uno de sus partidos más importantes, Kevin logró ponerse de pie como si nada hubiera pasado. Para sorpresa de muchos, logró brillar y ser elegido entre los tres mejores del mundo.

Como expresó Jimmy Gilligan, director técnico del Tour Global de The Chance y director de la Nike Academy: "Kevin puede hacer lo que quiera, tiene una consciencia especial de su entorno dentro de la cancha y él puede ver lo que va a suceder antes que cualquiera lo haga, está muy alerta de lo que pasa a su alrededor. Por sus aptitudes y madurez, Kevin podrá llegar a la cima en este deporte".

"Dios así lo quiere"

Según cuenta su padre, Henry Salazar, el concurso no les dejaba ninguna remuneración económica, para los tres ganadores el premio era que los llevaban a una academia de Nike en Inglaterra durante tres meses. Allí viajaban de ciudad en ciudad para jugar y así mostrar sus capacidades ante cazatalentos de prestigiosos equipos. Pasados quince días de estar en Inglaterra lo llamaron del Beşiktaş F.C un popular equipo de Turquía y allá estuvo cuatro días en pruebas.

Habían pasado ya tres días cuando lo llamaron y le hicieron una muy buena oferta, con un sueldo que superaba los seis mil euros mensuales, trabajo para sus padres, estudio para sus hermanos y vivienda para todos, pero la rechazó. Primero creyó que no era ahí y no se sintió del todo seguro. Además lo tomó por el lado de que es un país totalmente musulmán y él es "muy de Dios", asegura Kevin. "Por ejemplo, a las cinco de la mañana empezaban a orarle a Alá y se reunían en todas las calles para llevar a cabo su rito".

Cuando le contó a sus padres, ellos apoyaron la decisión con algo de inquietud, pero Kevin en ese momento les recordó que su principal objetivo es el Barcelona FC, "si yo me quedaba allá en Turquía, ya no volvía a salir. En ese momento yo sabía que así me tocara devolverme a Colombia y empezar de ceros, en un equipo de la B, lo iba a hacer. Lo importante es que ya tenía experiencia en mi hoja de vida", concluyó Salazar.

Al regresar, Kevin consideró que tal vez se había equivocado con esa decisión, porque tampoco iban muy bien las cosas en su país natal, Colombia, pues ningún club lo buscó, incluso empezó a dudar, pero siempre manteniendo la calma y pensando en que si las cosas pasaban así era "porque Dios así lo quería".

Su hijo está desahuciado

Era mayo de 1998 y cada pasillo de la clínica estaba lleno de una epidemia de enfermedades respiratorias, por lo que cada rincón del lugar estaba colmado de pequeños en camillas, madres en el piso y médicos que iban de un lado a otro. ‘‘Yo me acuerdo que uno tenía que caminar de medio lado por la cantidad de niños que había con esa epidemia'', afirma Maryluz.

Kevin, para ese entonces, era un niño gordito y alegre, sin embargo una neumonía severa lo atacó. Su cuerpo se enfrentó a una infección respiratoria aguda que afectó sus alvéolos, una parte de los pulmones, estos se llenan de pus y líquido lo que hace dolorosa la respiración y limita la absorción de oxígeno.

La fiebre a causa del virus no bajaba de 45°C, así que luego de ocho días él perdió peso en cantidad, pasó de ser un niño ‘repuestico' a un niño ‘flacuchento'. Recibía terapias en la mañana y en la tarde, también le practicaban cuantiosos exámenes, incluso ya no tenía la venas de las manos en buen estado por la cantidad de catéteres que le inyectaban para los exámenes, así que lo inyectaban en el cuello.

Su madre lo declara como un milagro de Dios. Recuerda que su hijo, así estuviera enfermo, siempre le decía que él tenía fe y por eso se iba a sanar. Días después el doctor le comunicó que había dos casos de urgencia en el hospital, el de Kevin y el de otro niño en diferente pabellón, así que la clínica llamó a un especialista en infecciones, para que revisara los dos casos. Dos días después el infectólogo lo revisó y después de leer el historial médico, habló con su madre.

- El procedimiento del niño es el siguiente: la infección fue tan grande, que se le infiltró en uno de sus pulmones. No sólo fue por fuera, la infección alcanzó a perforar uno de ellos, ya está infectado por dentro y el medicamento no llega hasta allá. El otro sólo está infectado por fuera y ese se puede salvar.

- Doctor entonces ¿qué hay que hacer?

- Acá ya no hay nada que hacer, su hijo está desahuciado.

Maryluz asegura que en ese momento quedó entre el cielo y la tierra, no sabía qué hacer.

- Solamente hay tres cosas que se pueden hacer. Primero que Dios haga un milagro en Kevin.

‘‘Cuando yo escuché eso, yo sentí que Dios me estaba cacheteando, -afirma Maryluz- porque de hecho yo soy cristiana y de nacimiento, pero yo no había entendido que estaba pasando un momento de prueba, y mi fe debió ser mucho más fuerte en ese momento''.

- Segundo, que haya un donante de un pulmón y que fuera compatible con Kevin. Y a ¿dónde vamos a conseguir un donante?, eso es muy complicado en este país.

- ¿Y la tercera opción Doctor?

- Si llegamos a encontrar el donante que sea compatible, ahí sí podríamos ir a Estados Unidos para practicarle la cirugía, porque acá en Colombia no se puede.
‘‘Por todos los lados sólo Dios podía obrar, -sentencia Maryluz- después de escuchar eso, yo quedé en shock, así que recuerdo que en la clínica había un lugar para las personas que querían estar en un momento de soledad, para orar o leer".

Las paredes de aquel lugar de soledad eran claras, con largas lámparas de luz blanca, un piso en baldosa, y una enorme mesa cuadrada de madera, junto a ella había unas medianas bancas de una madera más oscura. Se fue para aquel lugar de paz y se hizo debajo de la mesa. Estando ahí debajo, Maryluz dijo: "señor, más que nadie tú sabes la situación de Kevin y cómo está. Señor si tú tienes a Kevin para algo en esta vida, por favor devuélvemelo, pero devuélvemelo sano, y si no llévatelo'' Al día siguiente los doctores revisaron a Kevin y por primera vez luego de 23 días, no tenía fiebre. Cuando el doctor volvió a la habitación miró a Kevin y le dijo a su madre que algo grande había sucedido.

Al mes siguiente cuando regresaron para la valoración, lo primero que hicieron fue tomarle una radiografía, al salir los resultados el médico vio a Kevin y dijo que no podía creer que fuera aquel pequeño que hace un par de días daban por desahuciado, y lo primero que le preguntó a Maryluz fue cuándo le había hecho la cirugía al niño, a lo que su madre respondió que no le había practicado ninguna cirugía. Su madre extrañada le pregunta al doctor.

- ¿Por qué piensa eso doctor?

- Es que en la radiografía aparece una cicatriz de cinco centímetros, en el pulmón y esa es la huella de una cirugía.

Maryluz hablaba con absoluto convencimiento, el mismo convencimiento que sintió en aquel momento al entender que Dios había operado a Kevin y que gracias a él ocurrió ese milagro. ‘‘Haz lo posible, que Dios se encarga de hacer lo imposible. Y sé que la fe que Kevin ha aprendido a desarrollar es la misma que lo ha llevado de triunfo en triunfo", afirmó su madre.

Nació para jugar

Era un lunes 23 de febrero a las ocho de la noche, el cielo estaba despejado y el estadio de Techo en Bogotá se vestía de rojo, el color del América de Cali. Tan solo la mitad de una de las tres tribunas estaba ocupada por los simpatizantes del equipo bogotano, el actual equipo de Kevin. Aunque los hinchas escarlatas estaban eufóricos, los hinchas de Fortaleza mantenían la fe en sus jugadores, empero, nadie del equipo rival dimensionaba el talento de quien sería la figura del partido, el número diez.

Tiene 19 años, pesa 62 kilos, mide 1.69 metros, lleva puesto el uniforme de CEIF, camiseta blanca, de cuello color rojo, el escudo en color negro, pantaloneta blanca con el número diez en su pierna izquierda y unos guayos color verde fluorescentes de Nike; entra al campo, es un hombre sereno, seguro de sí mismo, que antes de cada partido intenta agradar a Dios, luego piensa en jugar bien y por último hacer goles.

Aunque el primer grito del partido se vivió en el segundo tiempo, fue en el minuto setenta y seis donde los hinchas del conjunto ‘atezado' se sacudieron.

De pronto aparece Kevin, engancha y lo pasa al frente del inmóvil rival, quien lo supera en peso, edad y altura, aunque éste no lo deja ir tan fácil, la fortaleza del número diez lo lleva a cruzarlo al borde interno de su zurda; en ese instante todos en el estadio permanecen con los ojos bien abiertos mirando el balón, y sienten el corazón en llamas, todos ven venir el momento del gol, tras un contragolpe, el hábil volante remata de pierna izquierda cerca al ángulo superior derecho de la portería y anota el anhelado ¡GOOOOOL! de inmediato corre hasta la mitad de la cancha con una sonrisa de oreja a oreja, luego eleva sus manos y su rostro al cielo, en señal de agradecimiento al "todo poderoso".

Toda su familia en el palco salta, sonríe, alza sus manos como si estuvieran en su iglesia alabando a Dios y dando gracias por ese momento de fortuna. Su padre con ojos de sonrisa no deja de levantarse y saltar con las manos arriba; su madre cargada de emoción con las manos arriba y una sonrisa enorme, da choques de manos con todos a su alrededor. Sus hermanos saltan y a la vez abrazan a todos los que los rodean. La hinchada ya esperaba ese gol, ya sabían que de nuevo ‘el hombre mágico' los iba a sorprender con un gran show.

Luego de ese fantástico momento llegó un penal, que ‘favoreció' al América en un momento de desesperación por el balón. Pero esto no ayudó mucho, pues en el minuto noventa y tres, Fortaleza adornó el partido con un gol más. El partido terminó y con él un juego más para Kevin Salazar, quien vislumbró en el campo con sus movimientos ágiles y llenos de fuerza.

La promesa del fútbol colombiano

James Rodríguez, un joven afortunado que tras su excelente actuación en el Mundial de Brasil 2014 y anotar seis tantos que permitieron que su selección alcanzara los cuartos de final del torneo, coronándose como vencedor de la Bota de Oro, es sólo un caso de los 509 jugadores Colombianos, que oscilan entre los 16 y los 39 años de edad y representan a nuestro país en las diferentes ligas de fútbol en todo el mundo; lo que demuestra una vez más, que en Colombia hay talento futbolístico de exportación.

Nilton Bernal, actual director técnico de Fortaleza FC y ex jugador y técnico de Millonarios FC, durante quince años; un hombre exigente, de facciones fuertes y marcadas, ojos negros con mirada profunda y pocas líneas de expresión en su sonrisa, asegura que Kevin juega muy bien y tiene todo para triunfar y jugar en el fútbol profesional, pero que más allá de eso, es un muchacho con una madurez y humildad inmensa, que tiene su proyecto de vida muy claro y sabe lo que quiere y para dónde va. Con total seguridad afirma que "Kevin es único y que tiene unos dones especiales que Dios le dio y él sabe aprovecharlos. Seguramente va a llegar muy lejos. En dos años lo veo en Europa y en cinco años lo veo consolidado como uno de los mejores jugadores de Colombia'', concluye Bernal.

Kevin Salazar Chiquiza, un colombiano que a través de su esfuerzo y su lucha por alcanzar sus sueños, actualmente hace hasta lo imposible por ganarse un cupo en la Selección Colombia Sub 20, para alcanzar el mundial del 2015 en Nueva Zelanda. Y así, por qué no, escalar poco a poco hasta lograr su mayor sueño, el de jugar en el Barcelona FC.

Un año antes de ganar el concurso de Nike, él pegaba los afiches de los cuadernos del Barça, su equipo favorito, en su habitación. Les decía a sus padres que él algún día iría a España a conocerlos. Lo más curioso es que nunca imaginó que al año siguiente ya lo estaría haciendo. ‘‘Y jugar contra ellos, entrenar con ellos. Todo se dio tan de repente. -cuenta Kevin- ahí me di cuenta que podía lograr algo, eso fue un abrebocas de lo que yo puedo alcanzar. Eso me hace saber que en un momento dado Dios me dará esas cosas pero en grande''.

 

La versión orginal de este reportaje apareció en la revista El Taller