Febrero 9, 2014

Millonarios demostró que sí tiene con qué con un 3-1 a Nacional

La hinchada de Millonarios acompañó en masa a su equipo con la fe de la victoria frente a un rival de vieja data, que para más veras le ganó hace un par de meses la Copa Postobón, pero con la duda de qué equipo iba a ver.

Es que no nos engañemos, el Millonarios de Lillo en sus tres presentaciones anteriores había sido un mar de dudas: gran primer tiempo frente a Envigado, que lo hizo sufrir en el segundo tal y como pasó frente a Chicó, y un pésimo antecedente en su única presentación en casa que terminó en derrota con Equidad en una flojísima presentación.

Pero esta vez, Lillo no jugó, no especuló, ni experimentó. Utilizó a sus tres centrales de primer nivel en el fondo, convirtió a los antiguos laterales de Hernán Torres (Ochoa y Díaz) en carrileros y le apostó a la seguridad con un doble 5 entre Robayo y Fabián Vargas que se rotaba para salir y apoyar la línea de fondo.

Tal vez el Nacional de Osorio no se esperaba tanto orden de un equipo que había dado trompicones hasta el momento (tal vez nadie lo esperaba, si somos sinceros), pero lo cierto es que el azul se dio un banquete en los primeros 30 minutos.

Nacional falló en su zona de recuperación, en donde Palomino no logró ocupar el lugar de Alex Mejía, y en donde sus compañeros de primera línea, Valencia y Valoy, lo dejaron solo. Allí, con todo el espacio del mundo, Mayer Candelo hizo un carnaval de pases y asistencias que surtió efecto.

Al 15 le tiró un centro tremendo a Dayro Moreno que, adelantado, definió de puntazo para el 1-0. Al 28 abrió el campo para que Dayro lanzara desde la derecha una bola cruzada que encontró solo a Vásquez para el 2-0, y aparte de eso se dio el lujo de correr, marcar, presionar y hacerse sentir.

Millonarios fue otro anímica y tácticamente, y si bien Osorio trató de corregir el error de planteamiento con el ingreso de Medina y Arias, que le dejaron pocos espacios al 10 azul en el segundo tiempo, e incluso su Nacional se puso cerca en el marcador con un gran tiro libre de Edwin Cardona al 59, era la noche de Millonarios.

La viveza azul y un imperdonable error verdolaga, que en un tiro de esquina vio cómo sus jugadores se quedaban discutiendo mientras dejaban solo a Román Torres, que puso el 3-1 al 65, prácticamente sentenciaron el partido, pero aún faltaban detalles.

Wilson Lamoroux, árbitro del encuentro, tuvo un comportamiento mediocre en
lo disciplinario y afectó a los dos equipos, aunque las dos expulsiones
fueron justas: Dayro Moreno sacó de quicio a Henríquez y le hizo ver dos amarillas con las que el verde se quedó con 10 al 73, pero una agresión de Vásquez a Cardona igualó las cosas en cuanto a tarjetas al 76.

La duda que queda en el ambiente es si este sí es el Millonarios de Lillo, pues la presentación azul fue inteligente, ordenada y muy eficiente; algo totalmente diferente a lo que se había visto hasta ahora.

Pero también queda la pregunta: ¿sí hay rotaciones para que Nacional afronte los grandes partidos? Esto, de cara al debut en Copa Libertadores, es una lección que debe saber digerir el club verde de Antioquia.

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