Noviembre 27, 2016

Un grande está de vuelta a la A: ¡América venció 2-1 a Quindío y logró el ascenso!

Una auténtica hoguera recibió a los dirigidos
por Hernán Torres. Por si existía la más mínima posibilidad de que se les
hubiera olvidado a los 11 jugadores del América de Cali qué se estaban jugando,
las más de 40.000 almas que asistieron al partido más importante de la historia
reciente del conjunto escarlata se los recordaron.

El rugir ansioso de la afición de los ‘diablos
rojos’ sacudió todo el estadio, dentro del túnel los 22 futbolistas tomaban un
segundo aire para soportar tan envolvente atmósfera. Finalmente llegó el
momento de saltar al campo, ‘cuyabros’ y caleños se miraron atónitos al verse
envueltos en una espesa nube de humo rojo, el Pascual les estaba dando la
bienvenida.

En los actos de protocolo la fiesta continuó,
el estadio acompañó el himno nacional con una fuerza impresionante. Rafael
Nuñez y Oreste Síndici, compositores del símbolo patrio, hubieran deseado estar
ahí para presenciar semejante interpretación. Los escarlatas estaban deseosos
de usar sus gargantas, de eso no cabía duda.

Entre el júbilo exacerbado de la afición
americana llegó el pitazo inicial. Wilmar Roldán, árbitro del encuentro, le
índico a los jugadores del Deportes Quindío que podían mover el esférico y
arrancó el encuentro. Tras unos minutos de estudio y de acople en la cancha los
jugadores de América de Cali se hicieron con el balón.

Los escarlatas hicieron danzar el esférico por
toda la cancha, mimaron la bola de un lado al otro en un movimiento que parecía
hipnótico. Así, durmieron a los visitantes quienes, cómodos con el balón, no
vieron venir el primer golpe americano.

Brayan Angulo fue  el primero en atacar el pórtico defendido por
Julián Mesa, el volante de América no pudo tener una mejor opción. Un grave error
del portero del Quindío le dio a Angulo la oportunidad de poner, sin oposición,
el primer gol del juego. Sin embargo, el ‘10’ escarlata no definió de buena
forma y le permitió a Jeider Riquett, defensor central de los de Armenia,
despejar el balón en la línea de gol.

Al minuto 15 comenzaron a bajar murmullos de
las tribunas. La afición de los ‘diablos rojos’ empezó a presionar a su equipo,
que, en cancha, se desesperaba por abrir el marcador.

Afortunadamente para los escarlatas Stiven Lucumí,
al 20, se inventó un jugadón para dejar a Ernesto ‘Tecla’ Farías de cara al
gol. El joven volante de creación se escapó por la banda derecha, amagó con
centrar y se frenó, dejó pasar de largo a su marcador. Después envió un preciso
centro con su pierna menos hábil, la izquierda, que le permitió al ‘Tecla’
definir con toda su categoría y experiencia. Mató el balón con el pecho y
fusiló a Mesa para que toda la gradería del Pascual forzara sus gargantas al
máximo, gritando un gol que ponía a los ‘diablos rojos’ en la primera categoría
del fútbol profesional colombiano.

El grito, que pareció eterno, no demoró en
tornarse en abrazos y lágrimas, parecía que el suplició de los caleños en la
segunda división por fin había terminado. Aún seguían en las gradas celebrando
a todo dar el gol de la celebración cuando llegó el empate de los ‘cuyabros’.

Jonny Mósquera, mediocampista central del
América de Cali, tuvo la mala fortuna de meter en propia puerta un saque de
esquina cobrado por el equipo visitante. La mala suerte volvía a golpear a los
escarlatas, que con el empate se quedaban en la segunda división.

Sin embargo, los dirigidos por Hernán Torres no
se dejaron sobrepasar por la situación. Salieron a buscar la victoria y, en un
penal claro sobre Stiven Lucumí,  encontraron
la oportunidad de irse de nuevo al frente del marcador.

Martínez Borja, como en todo el semestre, no
falló. Tomó su carrera corta habitual, hizo una pequeña finta antes de patear y
mandó el balón al fondo de la red. El Pascual volvía a estallar en júbilo,
América de Cali estaba, momentáneamente, en la ‘A’.

La segunda parte fue una lucha impresionante.
Quindío salió a buscar el empate, se mostró combativo, agresivo, aprovechó su
fuerza física, una de sus principales armas a través de todo el Torneo Águila,
para meter al América en su propio arco.

Los escarlatas, tuvieron una segunda parte
regular, no pudieron mover el balón como en el primer episodio y permitieron
que los visitantes impusieran su fútbol en el terreno de juego.

A pesar de eso, los jugadores de América de
Cali sacaron toda su casta y todo su pundonor para aguantar el partido,
chocaron, lucharon y, definitivamente, dejaron todo en la cancha.

Todo el esfuerzo no sería en vano, Wilmar
Roldán haría sonar su silbato al minuto 94 con el 2-1 a favor de los
escarlatas. Cinco años para olvido terminaban y los jugadores de América, en
cancha, se abrazaban. El ‘Tecla’ Farías y Hernán Torres, los símbolos más
grandes de lo logrado, se fundieron en un abrazo monumental, que, acompañado del
grito incesante de los asistentes al Pascual Guerrero, puso el punto final a
cinco años que nunca debieron comenzar.

Ficha técnica: