Octubre 30, 2015

Cuando el amor por una camiseta no conoce fronteras

Miércoles 28 de octubre, 11 de la mañana y por los parlantes del aeropuerto internacional Ministro Pistarini de Ezeiza en Buenos Aires se anuncia que el vuelo con destino a Panamá estaba listo para el despegue. Siete horas más tarde y tras una escala de 60 minutos, un segundo avión llevaría a ocho almas que respiran fútbol hacia la capital de Colombia.

Diego Kotler, empresario de la industria textil en Argentina, junto a su compañero fiel de aventura, socio y padre suman un sello más en su pasaporte deportivo. Tras el de Uruguay, Paraguay y Brasil, ahora Colombia, también sería una casa futbolera que recibiría el aguante del hincha de Independiente.

A pesar de la sanción que recibió el equipo rojo de Avellaneda por tirar unas bengalas contra Olimpo, el hincha que se respeta no se podía permitir abandonar a su equipo cuando este más lo necesitaba. Tras perder el partido de ida de los cuartos de final de la Copa Sudamericana contra Santa Fe en casa, no había de otra que viajar a Colombia y empujar al equipo hacia una remontada histórica y una clasificación más para el ‘Rey de copas', el equipo con más títulos continentales en el mundo.

Sentados en el restaurante de un hotel en Bogotá, el tema de conversación en la mañana del día jueves 29 de octubre tiene tres tópicos: el asunto de las boletas para el partido contra Santa Fe de esa misma tarde, las elecciones presidenciales de Argentina, con Mauricio Macri como el candidato favorito de ellos y las mujeres colombianas.

De repente aparece Agustín Julio, gerente deportivo de Santa Fe. Los argentinos lo abordan por el tema de la boletería y el colombiano les confirma que Independiente tiene en su poder 200 entradas de protocolo. La misión ahora era contactarse con los directivos del rojo que viajaron a Bogotá.

Pasadas las cinco de la tarde, alrededor de 200 hinchas argentinos de Independiente entraban al estadio Nemesio Camacho ‘El Campín'. Se ubicaron en la tribuna Occidental, en un espacio separado y reservado para ellos y hasta allí llegaron en buses que el equipo contrato para ellos. A pesar de la prohibición de la Conmebol, la pasión ganó y los arriesgados que invirtieron en un viaje hacia Colombia tuvieron la posibilidad de disfrutar de un auténtico partidazo, con cancha llena y nerviosismo al 100%. Esto es el fútbol sudamericano.

Tras la eliminación de la Copa Sudamericana, solo queda la alegría de celebrar un gol, así haya sido autogol y la ilusión de revertir el marcador en los últimos minutos. Una excelente organización, encantados los argentinos con la logística y solo un sinsabor por recibir cientas de monedas por parte de algunos incultos hinchas del equipo colombiano.

Se trata de experiencias de vida, momentos para recordar y pinceladas futboleras que solo entenderán, respetarán y hasta envidiarán los verdaderos amantes del fútbol.