Junio 23, 2012

¿Le llegó la hora de la verdad a Steven Gerrard con la selección inglesa?

Lo es por lo que representa. Aunque ya no es el gran Gerrard de hace cuatro cursos, cuando hizo 16 dianas en su club convirtiéndose en el máximo goleador del Liverpool, es el jugador con más carisma de la selección. Tiene un peso enorme en el vestuario y lo sabe su técnico, Roy Hodgson.

Llegó a la Eurocopa después de una temporada irregular en la Premier. Lo pasó mal con las lesiones. Primero, en la ingle. Después, el tobillo. Fruto de esa mala suerte sólo participó en 18 partidos anotando cinco goles. Esas fueron sus cifras, lejos de las de sus mejores años. Pero no importaba, Inglaterra le necesitaba.

Sin el centrocampista del Chelsea Frank Lampard, ausente por lesión en el último momento, todos los focos se centraron en su figura. Se convirtió en la esperanza de Inglaterra para dirigir a un combinado que necesita un éxito. En 2016 habrán pasado 50 años desde que ganó el Mundial de 1966.

Esta vez, sin Lampard, un competidor nato por los galones, y con John Terry desprestigiado hace tiempo por sus diferentes escándalos, Gerrard pasó a ser el referente. Wayne Rooney, sancionado para los dos primeros partidos de la Eurocopa, no pudo hacerle sombra hasta el tercero, pero aun así, no tiene tanto carisma. Y además, Hodgson le nombró capitán antes de comenzar el campeonato.

Gerrard aceptó un rol sobre el campo que históricamente no le corresponde. Está lejos del área y de cualquier cosa que se le parezca a un media punta. Se sitúa por delante de la defensa y hace de centrocampista defensivo. Una mezcla de sacrificio con sensatez. Tal vez, sus mejores tiempos de llegador pasaron.

Su trabajo no pasa desapercibido. Quien será uno de sus rivales el próximo domingo en cuartos de final, el italiano Daniele De Rossi, no escatimó en lanzarle un gran elogio: "Gerrard siempre ha sido mi ídolo", dijo esta semana.

Uno de los ejes de Italia podrá admirarlo en directo en el estadio de Kiev. Sobre el césped, verá a un centrocampista espigado, con ganas de hacer algo grande con su selección. Desde 2000, todo ha sido amarguras y tiene el síndrome que España dejó atrás en la Eurocopa de Austria y Suiza en 2008.

Y es que Gerrard jamás pasó de cuartos de final de una gran competición. Participó en cuatro, en dos Mundiales y en dos Eurocopas. Se perdió dos, el Mundial de Corea y Japón de 2002 por una inoportuna lesión y la Eurocopa de 2008, a la que Inglaterra no llegó ni a clasificarse.

El resumen es trágico para el medio del Liverpool. En la Eurocopa de 2000 de Holanda y Bélgica, no pasó de la primera fase; en Portugal 2004, se marchó a casa en cuartos; en el Mundial 2006 de Alemania, perdió también en cuartos de final; y en Sudáfrica 2010, dijo adiós en octavos.

Italia marca la frontera de Gerrard para lograr su mayor éxito con Inglaterra. Él está preparado. Jugó todos los minutos de la Eurocopa y es el máximo asistente del campeonato junto con Özil, Silva y Arshavin, todos con tres pases de gol. Lejos quedan sus estadísticas de centrocampista goleador. Sólo disparó a portería tres veces.

Pero eso no importa, está a otras cosas y se le reconocen. Fue elegido por la UEFA como el mejor jugador del duelo ante Ucrania. Y según avanza el torneo, va renaciendo de sus cenizas, aunque ya no sea el de antes ni se mueva por el césped por la zona donde siempre se encontró más cómodo. Pero él mismo lo dijo un día, con un toque de humor británico: "Puedo jugar en cualquier parte del campo. Soy un poco así en la cama". Los hombres de Cesare Prandelli le sufrirán sobre el césped. Es la hora de Gerrard.