Agosto 20, 2011

Brasil, 'campeao' a la colombiana

No se sabe qué quiso hacer Oscar en ese minuto 111 de juego. Su remate iba suave, parecía un centro, pero mo había una sola cabeza cerca... El caso es que ese tiro extraño y englobado fue el final del mejor Mundial Juvenil de la historia. Ese globo se convirtió en el 3-2 definitivo de Brasil sobre Portugal en una noche donde Colombia no jugó pero no pudo estar más presente.

Porque el resultado dice que Brasil es de nuevo campeón mundial, pero lo cierto es que la gran ganadora fue esta nación de gente que ama el fútbol, que no puede ser más amable con los visitantes y que se siente orgullosa porque esta fiesta fue totalmente colombiana.

Y claro, en la final se habló en portugués, pero la noche no pudo ser más colombiana, desde el clima hasta el sufrimiento en la cancha.

Los bogotanos (y con eso me refiero a todos los que hemos vivido en Bogotá el suficiente tiempo como para quererla) sabemos que hay un encanto peculiar en la lluvia de las tardes en la capital, que pareciera limpiar a la ciudad gris y dejar un brillo peculiar y encantador. Pues bien, en la noche de la final del Mundial Juvenil Colombia 2011, El Campín estaba bajo ese halo de magia.

El verde impoluto del campo de juego en el que las luces artificiales del escenario hicieron destellar los colores de las camisetas de Portugal y Brasil, la presencia permanente del amarillo en las tribunas, tanto en la estructura como en las miles de camisetas de la selección Colombia presentes, el telón negro de una noche bogotana oscurísima, todo, absolutamente todo, parecía predestinado para que los ojos se centraran en el partido que iba a definir al nuevo campeón mundial en la categoría Sub-20.

Brasil es Brasil... Portugal también


Fue claro desde el comienzo que la tribuna estaba con la verdeamarelha. Los que minutos antes coreaban "Colombia, Colombia" cruzaron la frontera por Leticia y se fueron del lado de esa vieja amante de los hinchas colombianos.

Portugal jugaba en territorio comanche y su estrategia pareció irse al piso muy rápido cuando al minuto 4 un cobro desde la derecha se convirtió en gol. Autogol para más dolor, aunque el tablero del estadio se lo dio a Henrique.

Era la peor forma de perder el invicto en el arco de Mika, que hasta ahí no había recibido un solo gol en Colombia, y que hacía que muy rápido Portugal tuviera que reconstruir su estrategia.

Lo extraño es que cuando se pensaba que Brasil iba a seguir de largo, su madre patria le demostró que no sólo no estaba grogui sino que tener todo en su contra le importaba poco.
Alex empató al minuto 9 después de una descolgada tremenda de Nelson Oliveira, con pase de la muerte incluido, y Portugal se hizo dueño del juego.

Por supuesto, hay una diferencia enorme entre el dominio de la ordenada y recatada selección lusitana y el dominio avasallante al que nos tienen acostumbrados otros equipos, pero para sorpresa general Portugal se dio gusto tocándola, desbordando con Alex, moviendo la defensa rival con Oliveira y, especialmente, con la facilidad de Sana para llegar a todos los espacios libres y tirar paredes.

Pero, como decimos en Colombia, no cobró, no hizo el segundo, no llevó al marcador su superioridad en el campo, y en el último minuto de la primera parte un remate de media distancia de Brasil pudo haberlo castigado.

Qué pena mais grande

Perdonado por su rival, como tantas veces a lo largo de este Mundial, el scratch trató de sacudirse en la segunda parte con el ingreso de Negueba y Allan. El mensaje era claro: lo nuestro es atacar y ahora lo haremos con cinco hombres si es necesario.

Pero este Portugal es más frío que una noche bogotana, y no sólo no se inmutó y controló a placer el tenedor Oscar-Henrique-William-Negueba (el DT Vale metió a Julio Alves para terminar de dominar el medio), sino que al minuto 59 puso el segundo.

Fue una jugada que habla muy mal de la defensa brasileña: Oliveira se llevó la pelota por derecha sin que Juan Jesús lo mirara feo al menos, y desde un ángulo cerrado pateó con tal potencia que la pelota húmeda se le escapó al arquero Gabriel.

Ney Franco lo apostó todo, metió a Dudú por Coutinho y Brasil se rompió: arriba unos, atrás otros y el medio para Portugal.

La tribuna, que empezó a gritar "Brasil, Brasil" tratando de despertar a la bestia, pronto se dio cuenta de que los de rojo, sin tanto espectáculo, eran más y Portugal tuvo el gusto de escuchar el ole a su favor.

Alex perdió peso y Sana jugó más atrasado, pero Oliveira cumplió su papel de verdugo mientras la defensa aguantaba a un Brasil que se hundía.

Pero si algo había mostrado el campeón sudamericano es que es como esos malos de película a los que toca rematar antes de que se paren a sembrar el terror en la villa, y una genialidad de Dudú, que en un enganche bello dejó sin cintura a Pelé (aunque suene a blasfemia), terminó en un rebote de Mika que Oscar convirtió en el 2-2.

Era el minuto 77 y lo que vino fue el remate del partido a pura furia. Porque Brasil volvió a ser una avalancha (particularmente con Dudú), y Portugal ratificó su condición de muralla. Fueron 13 minutos de la ola golpeando una roca, con la particularidad de que esta piedra portuguesa tuvo contragolpe e hizo sufrir a Brasil con un par de aventuras ofensivas de Alves y Caetano (que entró por Alex) que perfectamente pudieron decidir el juego en los últimos segundos.

El drama se habla en portugués

Caetano tuvo el 3-2 en sus pies al minuto 7 del tiempo extra. El primero de los tiempos suplementarios fue un calco del remate del juego: Brasil encima y Portugal aguantando y contragolpeando a placer. En una contra demasiado clara el 11 quedó mano a mano con Gabriel y no supo qué hacer. Era evidente que acabábamos de entrar a la zona del drama.

Los hinchas, frente a esto, reaccionaron. Al grito de "Brasil" le empezó a seguir uno de "Portugal" y parecía que cualquier cosa podría pasar...

Esta es la hora en la que todavía no se sabe qué quiso hacer Oscar y no importa. Centro, remate al arco... lo que vale es que fue gol, el 3-2 definitivo que le entregó a Brasil el pentacampeonato mundial juvenil, el resultado que pasará a la historia y que dejó a Colombia como parte de ella.

Brasil, campeón mundial Sub-20 en Colombia 2011. Esa frase no se nos va a olvidar nunca.

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