Mayo 13, 2012

Manchester City: cuando los millones ganan títulos

Catorce años después de verse relegado a la oscura tercera división inglesa, el Manchester City ha recuperado en la Premier League un esplendor que sus aficionados no vivían desde hace al menos dos generaciones.

Por vez primera desde que a finales de la década de los 60 el City ganara la liga (en 1968), la Copa (1969) y la Recopa de Europa (1970), el italiano Roberto Mancini ha situado esta temporada al equipo en la cima del fútbol inglés.

Tras forzar el final más ajustado en Ingalterra en los últimos tiempos, los "citizens" no solo han plantado cara, de igual a igual, a su poderoso vecinos del Manchester United, sino que les han superado y se han llevado el título en la última jornada del campeonato.

Los argentinos Sergio "Kun" Agüero y Carlos Tévez, apoyados por el español David Silva y el francés Samir Nasri, han vuelto a subir esta temporada el listón de un club que hasta hace poco se contentaba con mantenerse en primera división a final de curso.

En 2008, el jeque Mansour bin Zayed, miembro de la familia real de Abu Dhabi, compró la entidad e inyectó un capital que aceleró una recuperación deportiva que había comenzado en 2001, con el legendario Kevin Keegan en el banquillo.

Mansour inauguró su proyecto con un golpe de efecto, el fichaje del brasileño Robinho, una de las estrellas del Real Madrid, por 42 millones de euros, en aquel momento el séptimo fichaje más caro de la historia del fútbol.

Aquella temporada los "citizens" terminaron décimos en la Premier y alcanzaron los cuartos de final de la Copa de la UEFA, un registro que se quedaría corto después de la inversión sin precedentes que el City acometió en 2009.

Los 120 millones de euros que el Abu Dhabi United Group se gastó aquel verano llevaron al Etihad Stadium a Tévez, al togolés Emmanuel Adebayor, al marfileño Kolo Touré y al inglés Gareth Barry, todos ellos dirigidos por la apuesta a largo plazo de Mansour: el italiano Mancini.

El exdelantero del Sampdoria italiano impuso un estilo alejado del juego tradicional inglés, propenso a saltarse el medio campo con balones largos, y acostumbró a los suyos a avanzar con el esférico pegado a la bota.

El exvalencianista David Silva aterrizó la siguiente temporada para dar profundidad al juego de los "citizens", que en 2011 pasaron por delante del Arsenal en la tabla al quedar terceros, ganaron de nuevo la Copa y se clasificaron por vez primera para la Liga de Campeones.

El jeque, satisfecho con un plan que estaba cuajando, no reparó en gastos el pasado verano: del Atlético de Madrid llegó el "Kun" Agüero por 45 millones de euros, predestinado a convertirse en el máximo goleador del equipo, mientras que desde los "gunners" llegó Nasri, por 27 millones, que se alió con Silva para fraguar uno de los centros del campo más técnicos de la Premier.

Si bien los "citizens" deslumbraron con su juego al inicio de la temporada, la Champions resultó un jarro de agua fría para los aficionados. Los de Mancini, que partían como uno de los favoritos en las apuestas, quedaron apeados de la máxima competición continental a las primeras de cambio, en una primera fase en la que el Bayern de Münich y el Nápoles les pasaron por delante en un grupo en el que también fue eliminado el Villarreal.

La Liga Europa tampoco resultó el éxito que se esperaba y, tras golear al Porto en los dieciseisavos de final, el Sporting de Lisboa les dejó fuera de la competición en octavos.

El tropiezo continental dejó abatidos a unos "citizens" que en pocas semanas dilapidaron la ventaja al frente de la liga inglesa que habían mantenido durante gran parte del curso y vieron cómo los "diablos rojos" recuperaban el liderato y se distanciaban ocho puntos.

El juego gris de los de Alex Ferguson y la perseverancia de los de Mancini condujo sin embargo a uno de los finales de la liga inglesa más apretados de los últimos tiempos.

El derbi de Manchester más trascendente en décadas, a tres jornadas para el final, se decantó del lado del hermano pequeño (1-0 para los "citizens") y abrió la puerta a dos últimos fines de semana en los que el equipo azul celeste volvió a sentirse, cuatro décadas después, en la cima del fútbol inglés.