Octubre 7, 2010

Mario Vargas Llosa es un enamorado del fútbol

"Fui 'calichín' (jugador menor) de la 'U' y jugué con la camiseta crema en el estadio Nacional. El más grande de la 'U' es Lolo Fernández y sin duda otro de mis ídolos es 'Toto' Terry", aseguró Vargas Llosa hace un año, cuando vio a su equipo coronarse campeón nacional en Perú.

Universitario correspondió el amor del escritor nombrándolo socio honorario, a lo cual Vargas Llosa respondió: "Es un acto muy generoso y que agradezco muy conmovido porque en lo que nunca he cambiado de manera de pensar es en mi apoyo a la ‘U'. Soy hincha de Universitario desde que tengo uso de razón".

Aunque es claro el cariño por el equipo, aseveró, en medio de risas, que no se volverá a postular "nunca más a la presidencia de nada", en alusión a su derrota como candidato en Perú en 1990 y a la posibilidad de dirigir algún día a Universitario de Deportes. Tampoco se imagina en "ninguna directiva, pero hincha sí. Hasta la muerte".

''La 'U' me ha dado muchas satisfacciones en estos últimos tiempos, pero aún tengo el sueño de ver a mi equipo campeón de la Libertadores, con eso ya estaría completa mi alegría'', apuntó.

El nuevo premio Nobel de Literatura se ha definido como un mediocampista y participa también como titular de la Cátedra Real Madrid, la cual expone cómo el deporte, en específico el fútbol, influye directamente sobre la sociedad.

Su afición está impregnada en varios textos, como en "La ciudad y los perros", pero llega mucho más allá. Durante su luna de miel en Río de Janeiro, no perdió la oportunidad de ver a Pelé en la cancha.

"Conseguimos entradas para poder ver a la selección brasileña contra Alemania. Jugó Edson Arantes Pelé, fue inolvidable. El futbolista más extraordinario que he visto. Un mito y una realidad". Por si acaso, Vargas Llosa subrayó que su señora no se molestó aquella vez, aunque advirtió: "Creo que mi mujer nunca había visto un estadio".

"Los 11 titulares", por Mario Vargas Llosa

"Los pueblos necesitan héroes contemporáneos, seres a quienes endiosar. No hay país que escape a esta regla. Culta o inculta, rica o pobre, capitalista o socialista, toda sociedad siente esa urgencia de entronizar ídolos de carne y hueso ante los cuales quemar incienso. Políticos, militares, estrellas de cine, deportistas, cocineros, play boys, grandes santos o feroces bandidos, han sido elevados a los altares de la popularidad y convertidos por el culto colectivo en eso que los franceses llaman con buena imagen los monstruos sagrados. Pues bien, los futbolistas son las personas más inofensivas a quienes se puede conferir esta función idolátrica. Ellos son, claro está, infinitamente más inocuos que los políticos o los guerreros, en cuyas manos la idolatría de las masas se puede convertir en un instrumento terrible y el culto del futbolista no tiene las miasmas frívolas que encarecen siempre la deificación de la artista de cine o de la musaraña de sociedad. El culto al as del balompié dura lo que su talento futbolístico, se desvanece con éste. Es efímero, pues las estrellas de fútbol se queman pronto en el fuego verde de los estadios y los cultores de esta religión son implacables: en las tribunas nada está más cerca de la ovación que los silbidos".

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Vargas Llosa y su explicación de Maradona

"Hay dos Maradonas. El de la cancha, que es prodigioso -después de Pelé creo que fue la gran figura mítica del fútbol-, y al mismo tiempo está ese aspecto trágico: un hombre que no pudo soportar la popularidad, y que hizo de su vida algo tan trágico, lamentable. Un contraste terrible, lo que muestra que es cierto ese famoso dicho de Camus: un hombre genial en determinada actividad puede ser un pobre hombre completamente insignificante y nulo en otra. Creo que ese contraste de Maradona hace de él un personaje trágico".

Javier A. Borda Díaz
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