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Como con el VAR, el Mundial de Clubes vuelve a ser el espacio para adoptar una nueva medida

La sustitución suplementaria en caso de sospecha de conmoción cerebral vive su primera experiencia oficial durante el Mundial de Clubes de Catar.

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Trofeo del Mundial de Clubes de la FIFA. FOTO: AFP.

Contemplada como una posibilidad desde hace más de un año por el mundo del fútbol, la sustitución suplementaria en caso de sospecha de conmoción cerebral vive su primera experiencia oficial durante el Mundial de Clubes de Catar .

Luego de la decisión tomada en diciembre por la International Board (Ifab), garante de las leyes del juego, esta experiencia marca la toma de conciencia de un peligro latente, muchas veces subestimado en un deporte en el que los contactos aéreos -cabeza con cabeza o codo con cabeza- son a menudo menos violentos que en el rugby o en el hockey.

Desde el inicio del torneo de Catar el pasado jueves, y cuando queda por disputarse la final (Bayern -Tigres ) y el partido por el tercer puesto entre Palmeiras y Al-Ahly de Egipto, el mexicano de Tigres Javier Aquino tuvo que dejar el terreno de juego tras un golpe en la cabeza, en el partido de cuartos ante el Ulsan.

Pero esta modificación en el reglamento deberá esperar a su adopción definitiva.

El objetivo es "evaluar bien" el estado de salud del jugador, explicó a finales de 2020 David Elleray, director técnico de la Ifab, mientras que un golpe en la cabeza puede manifestar sus efectos con retraso.

Con una salida definitiva del jugador afectado por una conmoción, la Ifab pretende asimismo evitar toda "presión" para que "regrese al partido", según Elleray.

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- El ejemplo Karius -

Porque el riesgo del "segundo impacto", de consecuencias potencialmente dramáticas, es ahora tenido en cuenta, sobre todo a raíz de la muerte de cuatro jóvenes jugadores de rugby franceses entre mayo de 2018 y enero de 2019.

Este protocolo debía inicialmente ser probado en el torneo olímpico de fútbol de los Juegos de Tokio, pero su aplazamiento al 2021 hizo modificar el calendario previsto.

Del rugby al ciclismo, numerosos deportes adaptaron sus reglamentos para prevenir las conmociones cerebrales o limitar sus consecuencias, una reflexión que llegó más tardíamente al fútbol.

El pasado mes de diciembre, el antiguo defensor del Tottenham Jan Vertonghen reveló al medio belga Sporza que sufrió durante nueve meses secuelas de una conmoción sufrida durante la semifinal de la Liga de Campeones contra el Ajax de Ámsterdam en 2019.

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Un año antes, el arquero del Liverpool Loris Karius recibió un codazo en la sien en la final de la Champions ante el Real Madrid , en el partido más importante de su carrera: permaneció en el terreno de juego y cometió errores impropios que le costaron el título a su equipo, antes de que dos médicos diagnosticasen 'a posteriori' la conmoción cerebral sufrida.

- Juego de cabeza cuestionado -

Convocado por la FIFA en enero de 2020, el grupo de expertos sobre las conmociones se apoyó en el trabajo realizado sobre este tema 20 años atrás, centrado en las evidencias de los síntomas -vértigo, dolor de cabeza, confusión, náuseas- o en las herramientas de diagnóstico.

El fútbol presenta sin embargo una especificidad: los golpes en la cabeza de los futbolistas son menos violentos que los producidos por ejemplo en una caída esquiando o en un placaje de rugby, pero el juego aéreo les expone a multitud de "microtraumatismos".

Desde años se mantienen debates sobre el impacto a largo plazo de estos golpes, y de su posible vinculación con las enfermedades neurológicas precoces que sufren antiguos futbolistas después sus retiradas.

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Algunos estudios aplicados sobre futbolistas no profesionales, en Escocia en 2016 o en Nueva York en 2018, detectaron alteraciones de la memoria o en la atención.

Pero su vinculación con los impactos en la cabeza está lejos de ser científicamente establecida.

La Federación escocesa de fútbol anunció a comienzos de 2020 su intención de prohibir los remates de cabeza en los entrenamientos de niños menores de 12 años.

El pasado 18 de noviembre, el antiguo campeón del mundo inglés Geoff Hurst abogó por la prohibición del juego de cabeza entre jóvenes, después de ver cómo varios compañeros de la epopeya de 1966 sufrieron demencia, en una época en que los balones tenían un peso mayor que los actuales.

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