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El papa Francisco, un mal futbolista que jamás dejó de correr detrás del balón

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Papa Francisco, aficionado al fútbol y a San Lorenzo. AFP

Su sentido del humor, su afición por San Lorenzo y su devoción por Dios lo han caracterizado a lo largo de su vida. Su carisma emociona a Colombia.

- Soy patadura

- ¿Patadura? Querés decir defensor…

- No. Patadura.

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Así se define Jorge Mario Bergoglio como futbolista. El papa Francisco, nacido en 1936, y quien está de visita en Colombia, no olvida sus épocas de niño cuando corría detrás del balón. Al final no lo alcanzó, pero jamás lo perdió de vista.  

Caminaba cuatro cuadras y media desde su casa, en la Calle Membrillar 531, hasta la Plazoleta Herminia Brumana. Era un recorrido en línea recta por la Buenos Aires de los años cuarenta. Debía caminar rápido, tal vez trotando y en zig zag, como lo hacen los niños cuando tienen 10 años y se aburren de dar pasos cortos, como si fueran en cámara lenta.

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Llegaba hasta la Plazoleta y allí se convertía -como el mismo acepta hoy- en un patadura. Darle puntapiés rústicos a una pelota estaba (y lo sigue estando) prohibido en el país donde nacieron Alfredo Stéfano Di Stéfano, Diego Maradona y Lionel Messi. Pero él jugaba por jugar. Eso sí, no le hacía gracia cuando rompía uno que otro vidrio producto de su técnica poco ortodoxa.

Tuvo que saber pronto que su futuro no estaba en las canchas. A medida que crecía se acercaba más a los libros, a los buenos amigos y también al fútbol, pero el que se ve desde las graderías. “Como a cualquier chico le gustaba jugar con sus amigos, salir a la calle, jugar a la pelota en una placita cercana, contar chistes y hacer bromas”, contó una vez María Elena Bergoglio, 12 años mayor que él y la única hermana que le sobrevive.

Fue en la adolescencia cuando empezó a alimentar sus dos pasiones: la fe y San Lorenzo. “Los días que más disfrutábamos -recordó María Elena- eran los domingos. Íbamos en familia a misa y luego a almorzar”. Habría que agregarle que en las tardes acompañaba al ‘Ciclón’ cuando jugaba de local en el entonces llamado Estadio El Gasómetro y que con los años se denominó ‘Viejo Gasómetro’.

A medida que su personalidad tranquila, serena y devota de Dios le mostró el camino del sacerdocio, también se hizo, primero hincha y luego socio, del conjunto de Almagro. Desde 2008 paga la cuota. Su carné es el número 88235N-0.

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Los años no han hecho que olvide -como todo buen hincha- las alineaciones que lo marcaron en la juventud. Como la de 1946, cuando el equipo ganó el campeonato. Ya como papa la rezó ante la pregunta de un periodista que lo retó: “Blazina, Vanzini, Basso, Zubieta, Grecco, Colombo, Imbelloni, Farro, Pontoni, Martino y Silva”.

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Su nombre se ha impreso en más de un centenar de camisetas de clubes de fútbol que ha recibido. Tiene una de Alemania que dice Franziskus y lleva el número 1, una de Croacia en la que se lee Franjo o una de la Fiorentina marcada como Francesco, por ejemplo.

El Vaticano no lo ha apartado del deporte por el que recorría las calles de Buenos Aires a mediados del siglo pasado. Los partidos por la paz que organiza o las analogías futbolísticas que usa en sus alocuciones ante los fieles mantienen unidas sus dos pasiones.

Ah, y no deja tampoco de lado el humor: "¿No querrá que el papa rece para que Brasil gane el Mundial?", le dijo a la presidenta Dilma Rousseff cuando visitó ese país, en julio de 2013, un año antes del campeonato.

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