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Real Madrid pintó de blanco el Wanda Metropolitano: 2-1 sobre el Atlético de Madrid

El clásico de la capital española fue para el Real Madrid, que ganó con goles de Rodrygo y Federico Valverde, este domingo.

Real Madrid
Real Madrid celebrando uno de los goles contra Atlético de Madrid - Foto: AFP

El Real Madrid tan solo necesitó 35 minutos y dos ocasiones para fulminar al Atlético de Madrid, cuyo vigoroso inicio fue sofocado con el valor más definitivo de cualquier oficio, la efectividad incontenible con la que el equipo blanco se deshizo de su adversario, al que relegó a ocho puntos de distancia en la clasificación con una exhibición de paredes, velocidad y pegada, combinadas de forma implacable por el actual campeón, con el susto final que provocó el inesperado 1-2 de Hermoso.

La primera, a servicio de Tchouaméni, la remató Rodrygo en el minuto 18; la segunda, con el pase de Modric que batió la resistencia por la banda derecha del equipo rojiblanco, la culminó Fede Valverde, tras la galopada inalcanzable de Vinicius, el desvío al poste de Jan Oblak y el rebote afortunado que el descomunal futbolista uruguayo transformó en una victoria irrebatible desde entonces hasta el tramo final, cuando un error de Courtois le dio emoción y vida al Atlético, derrotado finalmente, con una sola victoria en sus últimos 13 derbis en el campeonato o nada más tres de los 18 más recientes entre todas las competiciones.

Aún sin Benzema, fuera del derbi, el Real Madrid es poderoso en su transición ofensiva, en su pegada, en los factores más fundamentales que determinan las victorias. Allá por el minuto 18, en una sola ocasión, después de soportar la tormenta que descargó de inicio el Atlético, golpeó con la fuerza que lo hizo campeón de casi todo el pasado curso y que lo propone como el líder consolidado hoy por hoy en la Liga. Es contundente como nadie.

La rotundidad procede de su talento. El manejo depurado de la técnica de sus jugadores, la visión de juego que realza sus desbordes, la convicción con la que ejecutan cada jugada en los últimos metros lo hacen, de repente, en un bloque incontestable, capaz de marcar la diferencia en un instante por mucho que todo el tramo anterior hubiera circulado por la vorágine que había impuesto el Atlético, por intensidad, por presión y por combinación, antes de desangrarse atrás por la velocidad de las ofensivas del conjunto blanco.

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El líder no admite duda cuando golpea. No había aparecido en ningún momento por el área de Jan Oblak, reintegrado a la competición después de dos partidos de baja, pero no necesita nada del otro mundo, nada muy visible, para cambiar un duelo de repente, como hizo en el Metropolitano. La jugada surgió y terminó en Rodrygo, cuyo remate de primeras, tras el exacto pase de Tchouaméni por encima de Felipe, transformó el derbi sin remisión.

Un factor diferencial que hoy no tiene el Atlético para desafíos de esta envergadura, porque el derbi de alto voltaje, agitado en los días previos, en ebullición en las primeras faltas, en cada lance, en cada fricción, en cada declaración de fuerza en cualquier balón dividido, contempló una puesta en escena potente del equipo rojiblanco, que jugó, presionó, se vacío y falló cuando debió abordar los más complejo de todo: el gol. Sus cuatro opciones en el primer cuarto de hora quedaron en nada, fuera del marco que defendía Thibaut Courtois.

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En el mismo debate se incluye cómo se mueve una y otra defensa, con más dudas que certezas en el conjunto rojiblanco desde que fue campeón en mayo de 2021. Porque el envío por alto de Tchouaméni a Rodrygo, con las indiscutibles dificultades colaterales, no alcanzó del todo Felipe, que eligió mal el paso adelante previo y que condicionó su repliegue para atrás, demasiado tarde. Son los milímetros que le faltaron para impedir un mazazo.

Porque, hasta entonces, el Atlético se sintió capaz de todo. El regreso de Griezmann a la titularidad hace mejor a su equipo. Hasta este domingo, las limitaciones económicas habían reducido a poco más de media hora cada compromiso precedente a una elección fundamental para Simeone, por lo que aporta por sí mismo y lo que supone cuando se suma a la ecuación a otros compañeros. Se vio al principio. Quedó desdibujado después. Con 0-1 en contra, su carrera, su conducción y su tiro apuraron de nuevo a Courtois.

No fue suficiente para reabrir la discusión de los puntos, zanjada por el Real Madrid instantes después, a toda velocidad por Vinicius, en otra pared -esta vez de Modric- con la que dejó fuera del foco a Marcos Llorente y Felipe Monteiro de una sola vez y que lo propuso a la carrera para enfrentar a Oblak. Su tiro lo desvío el portero contra el poste, el rebote lo remachó Fede Valverde en el 0-2, sin que nadie pudiera oponerse a una realidad muy dura.

Tampoco Yannick Carrasco, cuando chocó con Courtois aún en el primer tiempo, con un mundo por jugar que este domingo en el Metropolitano del que no se presuponía nada bueno para el Atlético, ni sin cambios ni con ellos (con la entrada de Morata por De Paul y de Cunha por Joao Félix, primero, y de Hermoso y Correa, después).

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Hasta que Mario Hermoso -expulsado de forma exagerada después con dos amarillas en tres minutos, la última no lo era- despertó la esperanza con el 1-2 de cabeza en el minuto 83 en un córner que señaló al portero del Real Madrid y transformó el último tramo en un suplicio imprevisto para soportar la diferencia que separa hoy a los dos equipos. La clasificación lo demuestra con una celeridad impropia de estas alturas: ocho puntos de distancia en tan solo seis jornadas.

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