Abril 13, 2019

Santiago Arias jugó 20 minutos en la victoria de Atlético de Madrid, por 2 a 0, contra Celta

Santiago Arias, lateral de Atlético de Madrid. FOTO: AFP.

El lateral colombiano entró para el tramo final del triunfo de su equipo contra el cuadro de Balaídos, por la fecha 32 de la Liga de España.

Tres paradas de Jan Oblak y un golazo de Antoine Griezmann, de falta directa, en una secuencia repetitiva por ese orden y por enésima vez en los últimos tiempos, lideraron otro triunfo del Atlético de Madrid, sentenciado por Álvaro Morata, frente al Celta, frustrado por dos jugadores incontestables (2-0).

El colombiano Santiago Arias entró al minuto 72 por Filipe Luis para colaborar en labores defensivas. Poco después de su ingresol el conjunto 'colchonero' liquidó el partido.

No hay Liga desde hace una semana, por mucho que el Barcelona perdiera dos puntos en Huesca unas horas antes, pero sí hay segundo puesto para el Atlético, que insiste en una posición que, conforme ha avanzado la era Simeone, no sabe a mucho, porque las pretensiones son las máximas, pero que no hace mucho era un éxito incuestionable.

En eso está el conjunto rojiblanco, mientras recae en el número de bajas -seis este sábado- y mientras divisa el siguiente proyecto, en el que hay dos piezas esenciales, que necesita sí o sí y cuyo valor es incalculable: el portero Jan Oblak y el delantero Antoine Griezmann. El primero sostuvo el 0-0 y desató el triunfo que inició el segundo, con un potente y fenomenal lanzamiento de falta directa.

Todo empezó en el guardameta, con una doble parada descomunal que levantó al público. En el minuto 18, cuando un activo Atlético había amagado unas cuantas veces sobre la portería rival, el Celta planteó su primer ataque. Al contragolpe. Al primer remate, de Maxi Gómez, Oblak surgió con una mano magnífica; al segundo, de media chilena, voló para transformar en córner una acción que era gol o gol.

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Eso es Oblak. Menos cuantificable que los goles a favor o las asistencias, pero tanto o más importante que todo eso son sus paradas. Es ya habitual que la fase de construcción de cada triunfo del conjunto rojiblanco, cuando el encuentro va 0-0, requiera su intervención clave, como ocurrió por enésima vez contra el Celta.

Aún exigió otra, cuando se lanzó a ras de suelo al buen derechazo conectado por Boufal, incrédulo de nuevo ante la respuesta del portero, que encima convierte en un asunto rutinario, bote incluido, una estirada compleja. Por sus paradas, el partido siguió 0-0... hasta otra aparición determinante de Griezmann, que golpeó con un zurdazo de falta directa al borde del descanso (1-0).

No sólo eso, sino que el internacional francés, a plena actividad durante todo el choque, protagonizó las mejores ocasiones y los mejores detalles técnicos del partido. Jugó e hizo jugar a su equipo, combinó bien con Vitolo, corrió, desbordó... Además, dio la asistencia del 2-0, marcado por Morata a cuarto de hora del final, cuando el pase le dejó solo ante el portero. Le regateó y le batió.

Uno para, otro marca y el Atlético gana. Es así de simple muchas veces, ya incontables, la fórmula que tantos puntos le ha dado al equipo en las últimas temporadas, recurrente aún más este curso en el Metropolitano, con ejemplos tan numerosos como irrebatibles. El último lo sufrió el Celta, que rondó el 0-1, pero recibió el 1-0.

Aún con la baja este sábado por sanción de Iago Aspas, una merma de una dimensión tan grande como incuestionable para el equipo celeste, 'renacido' desde la recuperación del atacante, su primer tiempo tuvo lo que cualquier conjunto que visita el campo rojiblanco firmaría de antemano: tres ocasiones en el primer tiempo, muy pocas oportunidades en contra o ningún contragolpe rival... hasta el 1-0.

Ya no le dio al Celta para recomponer el marcador. Ni siquiera con un Atlético de circunstancias, con el centro de la zaga formado por Montero y Toni Moya, del filial, el segundo centrocampista. No jugó Nehuén Pérez, el juvenil argentino que incorporó este febrero. Ni siquiera con las bajas de todos los centrales del primer equipo.

Mientras el Atlético replegaba sus líneas, le esperaba con el plan calculado, aguardaba la mínima oportunidad para contraatacar y ya no sentía apenas inquietud, el conjunto celeste anhelaba más desborde, más convicción, más pegada para creer aún en el empate.

Se acercó algo, pero no remató nada. Ya lo había hecho en la primera parte, cuando Oblak fue el principio del fin para sus aspiraciones en el estadio Wanda Metropolitano. El resto lo hizo el gol de Griezmann. La misma fórmula, los mismos protagonistas y el mismo ganador: el Atlético. Morata cerró la victoria con el 2-0.

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