Agosto 20, 2009

Real Madrid y Barcelona, las dos caras de la moneda

El Iduma Park de Dortmund se había llenado y la gente había ido en parte para observar lo que se podía esperar de los llamados nuevos ‘galácticos'.

Ya en el arranque, Kaká dio una muestra de su clase al meter al área un pase de tacón, en el minuto 3, que dejó a Granero solo delante del meta Roman Weidenfeller. El canterano madridista definió sin dificultad.

La ventaja tempranera del Madrid y la jugada de lujo de Kaká podía hacer esperar una demostración madridista, pero lo que vino fue una reacción del Borussia Dortmund, que se empeñó, ante todo a base de fuerza, en que el partido se jugase en la mitad del campo del Madrid y en buena parte lo logró.

A punta de insistencia, el equipo alemán logró fabricar algunas posibilidades de gol, dos de ellas favorecidas por pifias de Iker Casillas.

En el minuto 20, Casillas salió a cortar un centro y casi se produce el empate con un cabezazo del brasileño Felipe Santana que salió desviado. En el minuto 25 vino el segundo fallo de Casillas cuando dejó el balón en los pies del brasileño Tinga, cuyo remate pasó cerca de la portería.

El Dortmund estaba llegando. El polaco Kuba tuvo otra oportunidad ante la que Casillas reaccionó bien con una gran parada, mientras que del Madrid sólo se veían destellos ocasionales.

De Cristiano Ronaldo se vieron detalles, pero nada que llevase peligro a la portería de Weidenfeller -en la primera parte- y sólo un tiro libre en la segunda que tras rebotar en un contrario pegó en el larguero. Kaká era más incisivo -tuvo una ocasión en el 41- y más insistente y de Karin Benzema no se tuvieron noticias hasta el minuto 32, cuando desperdició una buena oportunidad de gol delante del meta rival

Y en el segundo tiempo entró Arjen Robben y en el primer toque de balón mostró que también puede ser un ‘galáctico' al marcar el segundo gol con una volea impresionante desde fuera del área al recoger un rebote.

El gol llegó sin que nada lo estuviera anunciando, pero el partido siguió igual, con el Borussia Dortmund, que había hecho siete cambios en el intermedio -el Madrid había hecho sólo uno-, acercándose permanentemente al área madridista, aunque sin orden.

Cuando el Madrid reaccionaba y atacaba con algún peligro casi siempre Robben -que parecía desatado- era parte clave de la acción y fue el holandés el que hizo la jugada previa del tercero, que marcó Higuain a puerta vacía.

Robben también sería protagonista en el cuarto al ser derribado en el área y generar el penalti que Kaká convirtió -Cristiano Ronaldo también quiso lanzarlo- instantes antes de dejar el campo

La debacle del Dortmund fue tomada con humor por sus seguidores, que aplaudieron al Madrid y le cantaron a su equipo un cumpleaños feliz para celebrar su centenario.

Cuando los aficionados cantaban, Raúl, en un contragolpe, hizo el quinto. La victoria tal vez fue demasiado abultada, pero el Madrid demostró que tiene con que imponer autoridad, aunque por momentos haya sido intermitente y se haya abandonado a los destellos de Kaká y de Arjen Robben.

Barcelona no pudo con Manchester City

Era el Gamper de Ibrahimovic, pero el partido se lo llevó el Manchester City (0-1), extraordinario botín para el equipo inglés frente a la desesperación del Barcelona, que desplegó todas sus armas en el estreno del delantero sueco para asegurarse la 44ª edición del Gamper.

No fue posible porque un solitario contragolpe del conjunto inglés acabó por amargarle la noche.

Un sólo remate entre los tres palos en su única aproximación al área de Pinto le sirvió al City para llevarse el Gamper, el primero para un equipo inglés. Frente al entusiasmo del Barça se impuso la raquítica efectividad del equipo inglés, una pila de millones en el césped que desplegó un fútbol mediocre y poco ambicioso.

Al Barça, en cambio, no se le reprocha su persistencia. Tiene un modelo de juego y es fiel a su esquema, frente a rivales de cualquier condición o pelaje, en casa o en domicilio, con lluvia o calor. Pero cuando aparecen 22 futbolistas en un sólo partido, con un buen puñado de imberbes, una ensalada de futbolistas, el equipo corre el riesgo de agrietarse.

Aunque costó reconocerle, comenzó el equipo de Guardiola con una interesante mezcla de jugadores entre titulares, secundarios y jugadores del filial. Montoya y Fontás, titulares en defensa. Busquets, Gudjohnsen y Touré como motores del equipo y un trío atacante exclusivamente casero, con Jeffren, Pedro y Bojan.

Sin Xavi, el Barça es menos Barça. Sin Messi, es menos imaginativo, por más que Pedro y Jeffren activasen las bandas, bulliciosos ambos, con ganas de ofrecer un fútbol fresco y festivo. No lo tuvieron fácil ante el City, un equipo industrial, con la mente ya en la Premier recién iniciada, empeñado en anular cualquier guiño al espectáculo.

Un robo de balón en la medular permitió al equipo de Mark Hugues organizar un rápido contragolpe que sería decisivo. Tévez, que pasó de puntillas por el Camp Nou, entregó en corto para Ireland en el círculo central, y éste encontró un hueco a la espalda de Montoya. Por allí apareció Petrov, un viejo rockero, para batir a Pinto en el mano a mano.

Boquiabierto, el Barça se resignó a arreglar la papeleta en la reanudación. Guardiola revolucionó de arriba a abajo al equipo y, por fin, dio entrada a Ibrahimovic y Messi. También a Alves y Piqué. Y el Barça comenzó a parecerse a sí mismo.

Con la artillería pesada en el campo, el Barça carburó mejor. Apretó al City hasta convertirlo en un equipo menor, acorralado junto a su portero Given.

El equipo azulgrana se hizo fuerte en la banda derecha con Alves, garantía de peligro. Por la izquierda percutió Gai, otra joya de la cantera. Y en el centro, otro descubrimiento, Thiago, 18 años, un centrocampista creativo y de carácter. Ser hijo de Mazinho ayuda a desenvolverse entre los grandes.

La contribución de Jonathan dos Santos, hermano de Giovanni, ex jugador de la cantera del Barça, acabó por eclipsar al gran protagonista de la noche, Zlatan Ibrahimovic. El sueco estuvo voluntarioso, pero falto de acierto y de coordinación.

Jonathan y Messi tuvieron el empate en sus botines, en sendos disparos al larguero. El del argentino, en el último minuto del partido. Pero la suerte no acompañó al Barça, convertido en un experimento en la presentación ante su público. Sin fortuna, pero con voluntad, el equipo cerró el Gamper resignado, pero satisfecho de su esfuerzo, de su fidelidad a un modelo y de la amplitud de su cantera.