Febrero 24, 2019

Santiago Arias fue más que Carlos Bacca: Atlético de Madrid 2-0 Villarreal, por la Liga de España

Santiago Arias en el partido contra el Villarreal - Foto: AFP

El lateral derecho colombiano, quien disputó todo el encuentro, salió vencedor del partido frente al ‘submarino amarillo’, donde milita el delantero, quien jugó 68 minutos. Los goles fueron de Álvaro Morata y Saúl.

El Atlético de Madrid siguió la estela del Barcelona, aún a siete puntos, con un partido práctico, sin exprimirse, y un gol de Álvaro Morata, cuyo anhelado estreno sobre la portería rival fue tan celebrado como definitivo para derribar al Villarreal, vivo pero sin remate hasta la sentencia final de Saúl.

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Por fin, en el minuto 31, llegó el gol que tanto y tanto buscaba el delantero madrileño, frustrado ya dos veces al límite por el VAR; primero contra el Real Madrid, después el miércoles contra el Juventus. Un alivio para el atacante, que en tono de broma simuló el gesto que hace el árbitro cuando consulta con el vídeo-arbitraje.

La eficacia del '22' está fuera de toda duda. En prácticamente tres ocasiones ha firmado tres goles. Las dos de partidos precedentes no valieron, por fuera de juego y por una supuesta falta, siempre a expensas de la revisión del VAR; el tercero sí, este domingo contra el Villarreal: un remate perfecto, más complejo de lo que aparentó el delantero, por la dirección y la potencia a ras de suelo justas para hacerla imposible para Sergio Asenjo.

Morata tiene gol, pero también mucho más. Es veloz, es constante, un incordio para la defensa contraria, es ágil en la conducción... En la tremenda competencia con Diego Costa, este domingo suplente tras su sensacional primer tiempo con el Juventus, surge un ganador seguro: el Atlético, que multiplica sus recursos junto a Griezmann.

Desde el gol de Morata, el primero que marca de rojiblanco, desenredó el conjunto rojiblanco un partido que, hasta ese momento, no iba ni para un lado ni para el otro. Ni para el local, a menos revoluciones que el pasado miércoles, más a la expectativa que ambicioso, ni para el visitante, tan prudente como plano en ataque.

Cierto es que nada habría sido posible, una vez más, sin la intervención de cada día de Jan Oblak. No es una situación casual, ni mucho menos, que cada triunfo del Atlético en los últimos tiempos siempre haya exigido antes del primer gol rojiblanco el protagonismo del portero, este domingo imbatible para Toto Ekambi.

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No ocurrió mucho más en todo el primer tiempo. Desde la parada clave del cancerbero con el 0-0 al 1-0 del conjunto madrileño apenas hubo unos cuantos tiros lejanos a las manos de Asenjo, primero de Griezmann y después de Saúl; algún murmullo de la grada en torno a Lemar, aún muy lejos de la versión que se prevé de él, y una ocasión más, también de Morata, en ese caso repelida por el portero rival.

No hubo una superioridad evidente del Atlético, ni muchísimo menos, tampoco una respuesta rotunda del Villarreal a raíz del 1-0, más allá de un aparente paso adelante que sólo se transformó en su juego en campo contrario y un cabezazo de Mario Gaspar a las manos de Oblak, en el sitio justo para posponer cualquier reacción.

Pero tanto antes como después del 1-0 sí había una sensación recurrente en cada pasaje del partido, que todo dependía del Atlético. Si le daba un plus más de intensidad, de voracidad y de velocidad, ya no habría encuentro para el Villarreal. Si la idea era contemporizar, jugar con la mínima renta, habría vida para su rival.

No hizo el Atlético ni lo primero ni lo segundo. Se limitó a un término medio que por momentos contempló un ejercicio de control y posesión ineludible para su adversario, pero que también, y mucho más rato, le ofreció margen al Villarreal para vislumbrar alguna opción de empate. Dio unos cuantos sustos, pero le faltó remate.

Ya el equipo rojiblanco había optado como tantas otras veces por un plan recurrente cuando manda en el marcador y está presente el desgaste de una cita reciente: repliegue y contragolpe, ya sobre el campo con Diego Costa, que tuvo dos contraataques y no remató ninguno. No le hizo falta al Atlético, que ya rentabiliza a Morata: un gol y tres puntos, asegurados en los instantes finales por Saúl Ñíguez con el 2-0 y la sentencia del triunfo. Era ya el minuto 88.

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